Encontrarse, la soledad y la compañía

Una plaza es un buen sitio para abrazarse, para encontrarse, ver personas que hace tanto no ves. En la cumbre de los encuentros, el mejor momento es el abrazo de una persona a quien le profesas cariño, es inigualable. No importa lo corto o largo de ese gesto, básicamente lo que resulta importante es dar ese abrazo y de alguna manera comunicar lo importante que esa persona resulta para ti.

Desde una plaza, desde el anonimato, observo a otras personas mientras hablan, beben, comen. Los solitarios somos menos, pero gozamos de cierta omnipresencia, observadores aficionados. El oficio de escribir en este momento resulta precioso, una pausa entre tanta algarabía, un paréntesis personal entre la acción del trabajo, verbos, gerundios, presentes efímeros, pasados recientes, futuros desconocidos.

La soledad del instante, la vastedad del momento, la grandeza de salirse de lo cotidiano y la espera…también los solitarios esperamos. Yo espero. En mi caso, espero el amor, la persona que me ha enseñado a amar de una manera que yo no había conocido anteriormente, así como a  recibir amor y querer su compañía. Sé que no estoy definiendo el tipo de amor, pero ¿Acaso podemos definir el amor? ¿Podemos definir el amor que profesamos por alguna persona, sea quien sea? El amor se siente y se manifiesta, porque el amor que no se manifiesta es una oportunidad que nos negamos a nosotros mismos.

Sigo observando, mientras tanto sigo esperando y escribiendo en un breve instante que no tiene precio. Esta soledad es cómoda sólo sabiendo que será corta, que no durará siempre, al menos es lo que conservo y lo que abrigo. Creo que la soledad obligada y sin opción debe ser dolorosa. Como decía Nietszche: “la soledad ablanda, corrompe y pudre”. Algunas veces se huye de la compañía de otros por no creerse acreedor de la misma, por miedo, por huir. Algunas veces se rehuye a la presencia de otros en nuestras vidas por heridas antiguas, no sanadas y que no deseamos que se abran de nuevo.

La soledad más terrible debe ser la impuesta a una persona  a través de un ejercicio de poder y exceso de autoridad, quedando así en el aislamiento y condenado a estar en un espacio físico reducido, esto con el único propósito de mantener fuera de un juego político a alguien o porque simplemente no te ha gustado que esa persona opine en contra de ti.

Soledad y compañía. En la buena ensalada de la vida estos dos estados son necesarios, son el vinagre y el aceite, la sal y el azúcar. La soledad es necesaria, como el silencio, como el color blanco. Necesaria para masticar los bocados de lecciones que la vida intenta que asimilemos continuamente, incesantemente. La soledad resulta beneficiosa cuando deseamos poder lograr posibilidades de introspección, de pensar sobre nosotros mismos, como oportunidad de crecimiento.

Estar acompañado me resulta importante, así como requiero de la soledad, necesito la compañía. “Ningún hombre es una isla” reza la frase. Nadie está desconectado de nadie y en algún momento de nuestra existencia debemos establecer contacto con alguien, es imprescindible para nuestro desarrollo, para poder vivir. Para poder vivir. La interacción con otras personas es vital, sin ella podemos terminar malogrados.

Esto que yo hago, escribir y expresar de alguna manera la forma como pienso y siento acerca del mundo es un trabajo de soledad. Poder plasmar mis emociones y mis ideas en oraciones y enhebrarlas unas con otras hasta formar un tejido más o menos conciso requiere de soledad, pero la fuente de estas palabras, de estos tejidos representando de alguna manera mis ideas, mis sensaciones, percepciones, sentimientos, surge de mi interacción con otras personas, de aquello que me dan y lo que yo pudiera aportarles eventualmente.

El acto creativo suele caracterizarse por la soledad, el proceso de construcción, de plasmar, de lo que sea, suele caracterizarse por la soledad. El germen de la creación nace de la observación y nace de nuestra interacción. Vivir y amar son vitales para vivir y crear. Sin vida y sin amor por la creación, por lo creado  y el acto creador, la vida sería aún más áspera de lo que ya pudiera ser en un primer momento.

Les decía al principio que esperaba sentado en una plaza. Aquí sigo. Esperando sentado en una plaza, solo, aunque con la esperanza de que pronto estará aquí conmigo la persona amada. La espero aquí en soledad porque disfruto de este estado tanto como disfruto de la compañía de otros. Mi soledad y la compañía son voluntarias. Esta última, una oportunidad para demostrar mi amor. La soledad, una oportunidad para el acto creativo. Gracias por leerme, los dejo. Aquí viene ella. La veo acercarse. Seguramente nos abrazaremos, una oportunidad para demostrar amor. El amor que no se manifiesta es una oportunidad que nos negamos a nosotros mismos.

Autor: Daniel Rojas Salzano

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4 respuestas a Encontrarse, la soledad y la compañía

  1. Amets dijo:

    Simplemente precioso, gracias por tus palabras

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  2. Guillermo Albertto dijo:

    Palabras contundentes que llegan

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