Mundo de Ideas

Decía una persona, aunque ahora no estoy seguro quién era: “Yo soy dueño de mis ideas, mis ideas no son dueñas de mí”. Esta frase tan sencilla encierra una filosofía de vida, una guía para vivir. En ocasiones nos aferramos a ideas en nuestras vidas y cuanto más nos mimetizamos con ellas, más las hacemos dueñas de nuestra existencia. Estoy hablando de ideas, concepciones, creencias, dogmas, etc. con los cuales nos comprometemos y circunscribimos nuestras vidas en un rango de acción.

Quizá estas ideas de las que les hablo no son siquiera nuestras propias ideas, sino ideas que escuchamos desde muy pequeños, ideas que nos enseñan o que adoptamos de otros, pero que al fin y al cabo las adoptamos como propias sin examinarlas y son determinantes en nuestros destinos, en la configuración de nuestra propia personalidad. Cuestionarlas (por la razón que sea) implicaría en ocasiones ser enjuiciados por aquellos que están a nuestro alrededor, ya que una de las primeras ideas que nos inoculan es la obediencia ciega.

Comprometernos con algunas ideas resulta necesario en determinados momentos de nuestras vidas, sin embargo, este compromiso puede devenir en una camisa de fuerza cuando debemos realizar o asumir cambios (y esto mismo para las personas a nuestro alrededor o nuestro entorno). Las ideas que fungen como limitación de nuestro desarrollo o mejoramiento personal, deberían ser desechadas en el mismo instante en que las detectamos, cosa que de alguna manera resultaría harto difícil, empero no imposible.

Me gusta esa frase al inicio de la publicación porque de la misma se deriva el hecho de concebirse a uno mismo como un ser generador de ideas, responsable y dueño de las propias ideas, con lo cual, aunque estas impliquen una guía en nuestras vidas,  no deberíamos permitir a estas ideas hacernos seres incapaces de generar cambios.

En nuestra vida diaria  nos encontramos continuamente a nosotros mismos divulgando ideas a otros o reafirmándonos en nuestras creencias. Cuanto más nos reafirmamos en nuestras creencias, tanto más podríamos ser  incapaces de generar los cambios necesarios para nosotros cuando las circunstancias así lo requieran. Nos podríamos hallar en la situación de observar que la realidad en momentos no es como creíamos y nuestras ideas nos pueden hacer más resistentes (menos flexibles) ante aquellas situaciones que demandan de nosotros un cambio.

Las ideas o creencias cuanto más arraigadas se encuentran en nosotros, más completan la propia imagen que tenemos de nosotros mismos como individuos, sin embargo, la vida es esencialmente dinámica y todo en ella se encuentra en constante cambio; no existe absolutamente nada permanente en ella, con lo cual, nuestras ideas tampoco tendrían que serlo. Posiblemente la única constante de la vida es el cambio.

Nuestras ideas o concepciones acerca del mundo pueden ser tan sólidas y estáticas que al menor cambio que ocurra en nuestro entorno, podríamos valorarlo como algo amenazante  en función de nuestras ideas. Esto es tan cierto, que es por ello que presenciamos las diferencias generacionales. Escuchamos a generaciones mayores plantear que las nuevas generaciones están equivocadas. Esto en función del arraigo que se tiene de las propias ideas. Por lo tanto, si nosotros no somos capaces de cambiar, nos vamos quedando atrás sin ser capaces de disfrutar aquello nuevo que surge, que se crea, que nos rodea. La vida y el mundo en torno a nosotros es dinámico, continuamente surgen cosas novedosas y creativas.

Hacer de nuestro sistema personal de creencias un sistema dinámico no requiere necesariamente que hagamos cambios radicales en nuestras vidas. El solo hecho de que usted mantenga su idea y adopte una segunda idea acerca de la existencia y validez de las ideas del otro, ya es un paso importante, enriqueciendo sus propias ideas con matices diferentes o enriqueciendo los argumentos a partir de los cuales se sustenta su propia visión, siempre para ampliar su percepción del mundo y hacerla inclusiva, no exclusiva. Recuerde que la intención es hacernos menos resistentes al cambio y nuestras ideas juegan un papel importante en ello.

Acerca de nosotros mismos, como individuos, en ocasiones podemos tener ideas tan firmes e intransmutables que en consecuencia no nos permitimos ser más felices, ser más alegres, cambiar, aceptar hechos que aunque sean dolorosos, preferimos vivir en una mentira siempre y evitamos confrontar nuestras ideas  con la realidad porque esta confrontación podría resultar en extremo dolorosa. Sin conflicto no hay cambio. El cambio nos saca de nuestras zonas de confort. Para salir de la zona de confort, debemos cambiar (aunque sea un cambio mínimo) nuestras ideas o aspectos de ellas.

Nuestras ideas nos pueden hacer más o menos tolerantes ante un mundo que se encuentra en constante cambio. Para convivir, para tolerar, para poder aceptarme y aceptar al otro, es necesario que seamos dueños de nuestras ideas, sabernos generadores de ellas y no que estas ideas nos posean y nos amarren como una camisa de fuerza que no nos permite ser los pilotos de nuestras propias vidas.

Hemos vivido situaciones en nuestras vidas que nunca nos imaginamos que íbamos a vivir y viviremos cosas que en el momento presente no nos imaginamos que vamos a vivir. Recuerda, el cambio es la única constante en nuestras vidas. Nuestras ideas nos pueden hacer más o menos resistentes ante esos cambios. Debemos aceptar nuestro pasado y tolerar la incertidumbre que nos trae el futuro desconocido. Según nos hagamos más dueños de nuestras ideas, más recursos tendremos para asumir los cambios por venir.

 

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Emigrantes y Residentes

Encontrar en el día a día de nuestro país motivos para salir y engrosar las listas de emigración resulta un lugar común. Esto parece ser cada vez más una opción de vida para muchas personas que simplemente no encuentran en el presente las condiciones necesarias para desarrollar al máximo sus potencialidades o bien no tienen perspectivas de futuro dentro de las cuales sea posible encuadrar una vida digna o con posibilidades. La opción de irse parece convertirse en una necesidad en la medida en la cual nuestras condiciones como país se van haciendo más precarias.

La situación del país es difícil tanto para quien se va como para quien se queda y no es posible señalar de irresponsable a quien desea irse como tampoco se puede señalar a aquellos que se quedan con el argumento de “no tienen ninguna aspiración en la vida” o “no están luchando lo suficiente”. Quien se va generalmente lo hace por anhelo de libertad, seguridad y encontrar un respiro frente al desastre. No se va siempre el que quiere, también se necesita poder tener las condiciones para irse. Emigrar no es fácil y tanto quienes tienen años fuera del país como para los recientes, el proceso de adaptación demanda recursos personales y físicos, así como también queda la preocupación y el anhelo de que los suyos que se quedan, sufran lo menos posible. Y la pregunta ¿cuándo volveré a verlos?

La decisión de quedarse en el país tampoco se puede juzgar y son muchos los motivos por los que una persona puede quedarse. Lamentablemente en este “quedarse” se vive el duelo de la separación de amigos, desmembramiento de familias, preocupación porque la persona que se ha ido sufra lo menos posible y alcance sus sueños, los materialice.

Nos encontramos con un importante grupo de padres con el alma rota por la ausencia de sus hijos y con los pedazos del corazón repartidos en distintas latitudes. Padres que se quedan y se convierten en abuelos; abuelos del internet y de las redes sociales, sin poder ejercer su rol y con un vacío difícil de llenar. También es difícil vivir el día a día de nuestro país, esta especie de vía crucis insufrible que se ha vuelto nuestra nación.

Cada persona tiene su motivo, tanto para irse como para quedarse. Al final es un asunto de decisión y la vida a veces no es tan sencilla como parece y nuestros juicios resultan la mayoría de las veces más alegres e irresponsables de lo que nosotros valoramos y comúnmente no se compensan con la realidad y resultan decantando en generalizaciones desagradables tanto para un grupo como para el otro.

He estado afuera y adentro, me he ido y he vuelto. En cualquiera de mis acciones he encontrado posiciones críticas (negativas) pero no lo tomo como algo personal, creo que es una forma que tienen las personas de desahogar ese desconsuelo que les embarga y que sufren tanto dentro como afuera.

En cuanto nos señalamos, acusamos, mal criticamos, descalificamos, nos aislamos. Levantamos muros a través de los cuales es imposible comunicarse. Entre tanta cacofonía y discursos altisonantes, marcar una verdadera diferencia tendría que centrarse en el hecho de movernos hacia el polo contrario de lo que estamos haciendo o percibimos.

Somos una sociedad lamentablemente muy fracturada, más allá de una bipolarización, más allá de una dicotomía política. Somos una sociedad con fracturas múltiples que sólo podrán ser arregladas a partir del entendimiento y de la escucha, desde la humildad de no creernos superiores o dueños de la verdad. Desde la humildad debemos intentar escucharnos y dejar de atacar al otro que ha tomado una decisión distinta a la que (por el motivo que sea) he tomado.

Es importante que hagamos el esfuerzo de escucharnos y entendernos, más allá del ruido de las balas, los gritos, el reggaeton, los cornetazos, la violencia. Es necesario escucharnos, porque más allá de que usted se vaya o usted se quede, donde quiera que se encuentre siempre llevará en su naturaleza, algo de este país (le guste o no) y antes de tener una nacionalidad, somos seres humanos y como tales, debemos respetarnos. Evitemos los señalamientos o juicios burdos, es hora de mirar un poco más hacia adentro y hacer el esfuerzo por sacar lo mejor de nosotros mismos. Es vital hacer ejercicios de introspección que nos permitan conectar con lo mejor de nosotros mismos porque si no lo hacemos, sin importar que se encuentre afuera o adentro, llevará y cargará en cualquier lado eso negativo de nosotros como país y de lo cual nos quisiéramos librar, tanto adentro, como afuera.

En la medida que volquemos hacia el exterior de nuestra humanidad aquello bueno que aún podamos conservar, respetemos las diferencias y los motivos ajenos, intentemos hacer el bien, hacer lo correcto, aportar soluciones, engrandecernos como gentilicio (sin importar el país donde esté) creo que estaremos reparando una de las tantas fracturas que tenemos como sociedad.

Cadena de amabilidad

Sí, por favor…Por favor, sea amable…al menos en un momento del día, no hace falta que lo sea el día entero, pero al menos tenga tres actos de amabilidad diarios, quizá con el tiempo le coja el gusto al tema de ser amable y llegue a cometer más de tres actos de amabilidad en un día…Si? Por favor!

Creo que la amabilidad, tanto como la violencia, son virales y por lo tanto contagiosas. Si es usted una de esas personas cansadas de tanta barbarie y de tanta grosería inicie por usted mismo, comience siendo amable con sí mismo y luego con dos personas más en el día, le aseguro que no le costará demasiado trabajo. El precio a pagar por su amabilidad serán apenas unos segundos, quizá incluso unos minutos y los réditos que esto genera serán mayores de lo que podría esperar, le aseguro que se sorprenderá.

Inicie el día siendo amable con usted. ¿Cómo no ser amables con nosotros mismos? Al levantarnos podemos ser mucho más agresivos con nosotros de lo que imaginamos. Existen muchas formas de ser amables, no hace falta violentarnos, ser auto lesivos, ni de forma psicológica ni de forma física. Puede iniciar siendo comprensivo consigo mismo, trabajando en la propia aceptación.

En segundo lugar sea amable con alguien de su propia casa. Sí, es cierto, podemos ser mucho más groseros o bruscos con personas de nuestra propia casa, que con personas de afuera, pero siempre es posible ser amable con algunos de los seres con los cuales convivimos. La amabilidad debería iniciar en  casa. Algunas veces nos provoca matarlos también, quizá ahorcarlos o bien, golpearlos. A pesar de esto, sea amable. Es verdad, puede ser que usted viva de forma solitaria, en ese caso, sea amable con al menos dos personas de la calle. Piénselo, no es nada si toma en cuenta la inmensa cantidad de gente con la cual nos encontramos al salir cada día de nuestras vidas.

En tercer lugar, sea amable con alguien de la calle. Pruébese a usted mismo, ser amable con alguien de la calle, no le costará demasiado trabajo. Son muchas las personas que están más allá de los límites del lugar que usted llama hogar. Existe gente ávida de amabilidad en la calle y no sabe serlo simplemente porque no ha llegado alguien tan maravilloso y espléndido como usted a darle el regalo de la amabilidad, a enseñarle que existen personas amables. Además de ser amable, usted podrá ser, con sus propias acciones, un modelo para otras personas ¡así mismo, como lo lee! usted modelará para otras personas conductas orientadas hacia la amabilidad. En ese caso, estaría siendo usted además de un benefactor de la amabilidad, un maestro o profesor de la amabilidad.

Quizá usted mismo se esté preguntando en este momento ¿y cómo puedo ser amable? ¿Cómo se es amable? Vamos, que yo no le voy a decir a usted qué debe hacer específicamente para ser amable, estoy seguro que usted lo sabrá en el momento. Creo que la instrucción más sencilla y general es que ser amable es ser amoroso, brindar cariño, respeto, tolerancia, cortesía, etc. Usted sabrá cómo ser amable, estoy seguro de eso. Incluso puede ser amable con un animal si las personas le disgustan demasiado, al final, cualquier ser vivo requiere algo de esto en cualquier punto de la existencia.

Algo más, sea consciente de sus propias conductas y acciones. Con el tiempo la amabilidad fluirá de usted como una cosa natural y no tendrá que estar por la vida mesurando, midiendo y/o contabilizando cada acto de amabilidad que usted tenga con otra persona o ser vivo con el que usted se encuentre por su camino.

Es posible que luego de ser amable con al menos tres personas aún se encuentre a sí mismo siendo poco amable con alguien; no se culpe ni se jorobe demasiado la paciencia, que esto de la amabilidad debe cultivarlo poco a poco y después de haber pasado tanto tiempo siendo poco amables no es fácil venir de un golpe y porrazo y ¡zas! cambiar todos nuestros hábitos orientados a la amargura, pero créame, es posible entrenarnos en la amabilidad.

Por lo tanto, le invito a intentarlo y ponerlo en práctica. La amabilidad es más contagiosa de lo que usted cree y le dará réditos. Tres actos de amabilidad al día. El primero con usted mismo, el segundo con alguien de su casa y el último con alguien de la calle. Se puede ser amable de múltiples formas, usted sabrá cómo serlo. Sea consciente de su propia amabilidad hasta que salga naturalmente. Será un modelo a seguir por otras personas. Algunas veces la amabilidad no le saldrá tan naturalmente, no deje de intentarlo. Recuerde, la práctica hace al maestro y la amabilidad es una cualidad que no escapa a esto.

Agradecer

Agradecer es una de las primeras cosas que debemos aprender y una de esas cosas en la vida que siempre debemos recordar hacer. Agradecer nos conecta con lo bueno y lo positivo que tenemos en nuestras vidas (siempre hay algo bueno) aunque todo parezca ir mal o todo parezca ser malo. Es un asunto de enfoque e incluso de decisiones. Sí, podemos decidir si queremos ver lo bueno o lo malo de las cosas. Desde mi punto de vista (a través de mis experiencias) bueno y malo, positivo y negativo, están dentro de un mismo continuo; no en vano podemos decir que de lo malo podemos extraer algo bueno y viceversa, es cuestión de enfoque, de decisión.

El agradecimiento está relacionado con la capacidad humana de estar en contacto con otras personas, otras realidades, otros seres vivos, incluso con uno mismo. Agradecer nos da una sensación de unión con otras formas de vida, agradecer nos hace sentir relacionados, evitando situarnos en una posición de aislamiento frente a otras personas y situaciones.

¿Para qué agradecemos? ¿Qué nos motiva a agradecer? Creo que cuando expresamos agradecimiento, de alguna manera estamos reconociendo la existencia del otro, reconocemos lo bueno que ha hecho otra persona. Incluso agradecer por aquello que poseemos nos sitúa en el reconocimiento de lo que tenemos. Agradecemos para reconocer el bien en una situación o una cosa para identificar el potencial de cambio que podemos generar.

Cuando no agradecemos de alguna manera estamos cerrando los ojos a aquello que existe en nuestras vidas, cerramos los ojos ante las personas, los momentos y las cosas o condiciones presentes. Dejamos de reconocer e incluso negamos la presencia de aquello que por algún motivo está en nuestras vidas. Incluso dar por sentado o por descontado ciertas cosas en nuestras vidas es no darle el justo valor a lo positivo.

Cuando todo parece comenzar a torcerse intento agradecer, con ello focalizo mi pensamiento y mis sentimientos en lo positivo o al menos en un equilibrio emocional necesario para generar acciones resolutivas y evito dejarme llevar por la corriente de negatividad que nos rodea, que muchas veces viene a acecharnos y con la cual peligramos en identificarnos y regodearnos.

Es verdad, también existen situaciones que nos pueden llevar al límite de nuestra paciencia o tolerancia, circunstancias que de alguna manera nos hacen sentir terriblemente mal en relación con nuestras vidas y allí el agradecimiento puede resultar vano, fútil, e incluso estúpido. Incluso podríamos preguntarnos, ¿Para qué voy a agradecer? No tengo nada ni nadie a quien agradecer. Sin embargo, identificar aquello por lo cual agradecer, merced de un panorama ensombrecedor, nos apalanca para orientarnos hacia lo positivo.

También he leído historias, he visto situaciones de vida, historias personales en las cuales el agradecimiento podría no tener ninguna cabida, sin embargo, este agradecimiento ha estado vinculado a un sentido de vida, a una razón para mantenerse luchando, una minúscula luz entre una oscuridad grande y creciente que al enfocarla nos permite dirigir nuestras acciones o mantenernos de pie en la búsqueda de esas acciones que nos dirijan hacia donde queremos llegar.

Agradecer. Es uno de mis verbos favoritos. Es una de las acciones favoritas y necesarias de mi vida. Me permite estar enfocado en lo positivo, revaluar lo negativo y darle un vuelco, me permite generar un sentido de vida y algo por lo cual luchar y mantenerme de pie. Agradecer es una de las acciones favoritas y necesarias de mi vida. Agradecer por lo que he logrado, por lo que logro, agradecer por lo que he tenido y por lo que tengo, agradecer por las lecciones aprendidas a partir de situaciones dolorosas, derrotas, tristezas. Agradecer por las personas conocidas, por las del pasado y por las del presente, hombres, mujeres y niños. Agradecer me permite mantener el sentido de vida necesario para continuar luchando por mis metas, mis sueños.

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