Aceptar es mejor…Resignarse no es una opción

¡Me niego a resignarme! Sí, me niego a resignarme y me niego a acostumbrarme pasivamente a situaciones que existen alrededor de mi vida  y con las cuales no me encuentro conforme, me niego a bajar los brazos y dejar de luchar, no acepto decirme a mí mismo que no puedo y me niego a decirme que debo dejar de intentarlo.

Es distinto aceptar a resignarse. Aceptar una situación o condición implica que dentro de nosotros ha habido un proceso previo de elaboración de la situación y de asumir con cierto agrado la situación o condición nueva que está en nuestras vidas. Aceptación o resignación, cualquiera de las dos nos ayuda a sobrevivir y continuar con nuestras vidas, solo que cualquiera que sea nuestra decisión (aceptación o resignación) el proceso y los resultados, suelen ser distintos.

La diferencia entre la aceptación y la resignación desde mi punto de vista reside en que con la primera cesa la lucha interna por la situación que ocurre en nuestra vida y con la segunda la lucha interna se mantiene, junto con el malestar por la circunstancia que ocurre y no somos capaces de aceptar o simplemente, nos negamos a ello. Resignación en sí misma es una palabra con una connotación triste y oscura mientras que la aceptación es una palabra dura pero clara y brillante como el sol del amanecer y que trae consigo los frutos más jugosos.

Resignación y aceptación suelen ser considerados como sinónimos, pero no lo son. La resignación comporta una actitud pasiva, no resolutiva, de asumir una situación o condición porque generar un cambio nos resulta muy doloroso o bien porque en toda situación el cambio requiere que renunciemos a algo para lograr más. Resignación implica que dejemos al malestar inundar nuestro vivir  y eclipsar todo aquello que hay de bueno en nuestra propia e individual existencia.

La aceptación (al contrario de la resignación) implica una actitud positiva y resolutiva frente a la situación que tenemos ante nosotros. En la aceptación, una de las premisas básicas es que de buen grado permitimos una situación o circunstancia en nuestra vida. Si no es de esta forma, es resignación. Pero es que la aceptación nos permite además generar nuevas estrategias para dejar esta situación atrás y lograr que podamos avanzar con nuestra existencia sin mantenernos rumiando en nuestras cabezas aquello que nos genera en algún momento malestar. Aceptar nos abre los ojos a la búsqueda de soluciones.

Aceptar implica que la situación efectivamente sucedió o que la condición está presente pero siempre conlleva la pregunta ¿Para qué estoy viviendo esto? o la frase “muy bien, esto está presente en mi vida, pero ¿Cómo puedo cambiarlo?” Aceptar no implica quedarse estancado o pasivamente aguantando una situación que nos genera un malestar sin generar ningún cambio a nuestra situación.

La resignación por el contrario a la aceptación, es conformista y evitativa. Cuando acepto, miro cara a cara a la situación que tengo frente a mi y asumo que está presente pero decido generar a un cambio. Resignarnos nos lleva a evitar el conflicto y sin conflicto no hay cambio. Llevamos la cabeza gacha cuando nos resignamos. Cuando nos resignamos, bajamos los brazos y decidimos que la circunstancia nos golpee con todo lo que tenga para hacerlo y nosotros intentaremos llevar la vida como se pueda aunque en ello se nos vaya la dignidad o nos destroce el alma en mil pedazos.

Cuando aceptamos hemos decidido mirar de frente a la situación por muy dolorosa que sea o por mucho miedo que nos genere pero decidimos que le plantaremos cara y generaremos los cambios que sean necesarios, o al menos, lucharemos por ello. Aceptar implica que “no nos haremos los locos” ante la situación y que responsablemente y de forma madura  decidimos actuar, ser entes activos del cambio que necesitamos para nuestra vida porque mantenernos tal como estamos solo nos llevará al fracaso y a perecer.

Aceptar implica renunciar. La resignación nos mantiene apegados al pasado. La aceptación nos conduce con paso firme en el presente y hacia el futuro porque hemos abierto los ojos ante lo que hay mientras que la resignación nos conduce con los ojos vendados a creer que de forma mágica vendrá algún tipo de cambio que nosotros mismos no somos capaces de generar porque no tenemos el valor, la disciplina y la constancia suficiente para conseguirlo.

Como lo signifiqué anteriormente, resignarnos a vivir en el malestar que nos engulle simplemente nos conducirá a una vida miserable e indigna llena de las peores circunstancias solo porque no tuvimos el coraje de ponernos de pie, confrontarnos a nosotros mismos, tener la dedicación, la constancia y la disciplina necesaria y generar las acciones que teníamos que generar porque el miedo al final fue más grande en nuestros corazones.

Aceptar es una cuestión de actitud, significa que desplegaremos recursos cognitivos, emocionales y conductuales para lograr un cambio necesario en nuestras vidas. Implica proactividad y que seamos resolutivos. Significa mirar cara a cara la situación, por muy dolorosa o miedo que nos genere, pero con la convicción de que lucharemos y mantendremos nuestro espíritu en alto.

Autor: Daniel Rojas Salzano

 

 

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Afrontar el futuro

Nos encontramos continuamente en encrucijadas, en puntos cruciales de toma de decisiones y la vida, según el contexto de cada quien, se va haciendo cada vez más compleja. Nuestras decisiones y  nuestra actitud para afrontar el futuro es lo que nos puede determinar como seres humanos. En ocasiones existen decisiones propias que pueden determinar nuestra vida por mucho tiempo así como existen decisiones menos trascendentes que pueden tener un menor impacto sobre nuestra realidad.

Las decisiones trascendentes son difíciles de tomar sobre todo porque los niveles de incertidumbre se elevan ante nosotros hasta cotas desconocidas y es nuestra capacidad para tolerar la incertidumbre lo que generalmente nos lleva a paralizarnos para tomar decisiones o esa misma capacidad de tolerar la incertidumbre lo que nos mantendrá en pie para continuar con nuestro camino.

La mejor forma de afrontar el futuro es asumiendo el presente. El presente es lo más certero, lo más real y verídico que tenemos en nuestras vidas porque el pasado ya no está con nosotros y sólo se mantiene como parte de nuestros recuerdos, el futuro no lo conocemos porque simplemente es un compendio de elucubraciones, de cálculos probabilísticos que elaboramos con nuestra mente y que en muchos casos nuestro cerebro lo interpreta como si realmente  lo estuviéramos viviendo, situados concretamente en ese momento imaginario.

Tomamos decisiones que marcan nuestro futuro. Esa persona que seremos quizá nunca hubiera tomado aquella decisión que decidimos asumir o bien, aquella persona lo hubiera hecho de otra manera, pero al fin y al cabo, debemos tomar decisiones y desde el más creyente hasta el materialista más acérrimo de alguna manera genera un acto de fe confiando en que esta decisión tomada es la más correcta. Confiamos o tenemos fe en el presente, que esa persona del futuro se sentirá cómoda con aquella decisión que tomó aquella persona del pasado o que está asumiendo esta persona del presente.

El futuro, más allá de lo que podamos creer, es pura ficción, el futuro verdaderamente no existe. Es una construcción de nuestro pensamiento. El futuro es lo que creemos que pudiera suceder y en nuestras mentes todo aquello que puede suceder está poblado por un cúmulo infinito de opciones, pero la verdad, es que el futuro simplemente no existe más que en nuestras mentes, aún cuando nuestros cerebros responden a esa previsualización como si esto fuera completamente real y verídico. En este sentido, es por ello que en líneas anteriores planteo que cualquier decisión tomada en nuestras vidas tiene vinculada un acto de fe, de confianza en dios, en la vida, en el universo, en la humanidad o en nosotros mismos simplemente, pero siempre lleva implícito ese acto de fe. Lo contrario sería incapacitante para cualquier persona porque de nuevo, el futuro es incierto y sólo podemos hacer predicciones sobre lo que creemos que podría pasar pero nunca tenemos la certeza absoluta y total de que aquello que creemos que sucederá, de hecho, ocurrirá.

La incertidumbre del futuro, la falta de certeza se hace evidente continuamente a nuestro alrededor, tanto para lo bueno como para lo malo. Buda planteaba: “Los hombres viven como si nunca fueran a morir”. Vivimos sin sentido de finitud. Esto nos compele a dejar ciertas tareas, decisiones importantes de nuestras vidas para otro momento. En el caso de tener la suerte de envejecer, entonces vivimos como si esto nunca fuera a suceder, como si la juventud pudiera ser eterna o rehuyendo a este trance que resulta envejecer, cuando cada etapa tiene su encanto. Disfruta del presente.

El futuro y los resultados que obtengamos del mismo serán siempre una quimera. Afrontar el futuro es una labor que se basa continuamente en el trabajo que hagamos en el presente, y aún, nunca tendremos un cien por ciento de seguridad en cuanto a los resultados. Para tener un futuro esperanzador y brillante no existen fórmulas mágicas, primero porque cada persona debe vivir este proceso de afrontamiento del futuro de una forma particular y que únicamente encuadra dentro del contexto de cada quien y segundo porque cada presente es diferente.

Para afrontar el futuro debemos aprovechar definitivamente el presente. Podríamos pasar tanto tiempo centrando nuestro pensamiento en lo que ha de venir o en lo que pudiéramos vivir que dejamos de disfrutar lo que tenemos en el momento, perdemos nuestra conciencia en cuanto al tiempo y el espacio del presente y así se nos pasa la vida, desatentos a lo que tenemos en el aquí y el ahora.

Cuando vivimos centrados en el futuro, éste  se convierte en la figura principal de un fondo que es el presente al cual no le prestamos atención. En última instancia nos hacemos observadores continuos de una ilusión (el futuro), de un espejismo que se aleja continuamente de nosotros porque al final aquello que imaginamos que ocurrirá, una vez acontecido el presente, suele ser diferente y nos encontramos ante una fuerte discrepancia entre ese ideal y ese evento real sucedido.

Aprovecha el presente. La mejor manera de tener un buen futuro, es aprovechando el presente y disfrutando el presente. Haciendo lo que amamos. Amando a quienes amamos. Haciendo las cosas lo mejor que podemos en el presente. Somos seres finitos y como tales en algún momento la vida cesa. Nunca sabremos cuándo. Es por ello que debemos disfrutar, aprovechar, tomar ventaja del presente. Toma conciencia de ti en este preciso instante, toma conciencia de las personas que amas. Agradece tu presencia en sus vidas y la de ellos en la tuya. No te extravíes en las elucubraciones del futuro porque realmente lo que pierdes es el presente.

Encontrarse, la soledad y la compañía

Una plaza es un buen sitio para abrazarse, para encontrarse, ver personas que hace tanto no ves. En la cumbre de los encuentros, el mejor momento es el abrazo de una persona a quien le profesas cariño, es inigualable. No importa lo corto o largo de ese gesto, básicamente lo que resulta importante es dar ese abrazo y de alguna manera comunicar lo importante que esa persona resulta para ti.

Desde una plaza, desde el anonimato, observo a otras personas mientras hablan, beben, comen. Los solitarios somos menos, pero gozamos de cierta omnipresencia, observadores aficionados. El oficio de escribir en este momento resulta precioso, una pausa entre tanta algarabía, un paréntesis personal entre la acción del trabajo, verbos, gerundios, presentes efímeros, pasados recientes, futuros desconocidos.

La soledad del instante, la vastedad del momento, la grandeza de salirse de lo cotidiano y la espera…también los solitarios esperamos. Yo espero. En mi caso, espero el amor, la persona que me ha enseñado a amar de una manera que yo no había conocido anteriormente, así como a  recibir amor y querer su compañía. Sé que no estoy definiendo el tipo de amor, pero ¿Acaso podemos definir el amor? ¿Podemos definir el amor que profesamos por alguna persona, sea quien sea? El amor se siente y se manifiesta, porque el amor que no se manifiesta es una oportunidad que nos negamos a nosotros mismos.

Sigo observando, mientras tanto sigo esperando y escribiendo en un breve instante que no tiene precio. Esta soledad es cómoda sólo sabiendo que será corta, que no durará siempre, al menos es lo que conservo y lo que abrigo. Creo que la soledad obligada y sin opción debe ser dolorosa. Como decía Nietszche: “la soledad ablanda, corrompe y pudre”. Algunas veces se huye de la compañía de otros por no creerse acreedor de la misma, por miedo, por huir. Algunas veces se rehuye a la presencia de otros en nuestras vidas por heridas antiguas, no sanadas y que no deseamos que se abran de nuevo.

La soledad más terrible debe ser la impuesta a una persona  a través de un ejercicio de poder y exceso de autoridad, quedando así en el aislamiento y condenado a estar en un espacio físico reducido, esto con el único propósito de mantener fuera de un juego político a alguien o porque simplemente no te ha gustado que esa persona opine en contra de ti.

Soledad y compañía. En la buena ensalada de la vida estos dos estados son necesarios, son el vinagre y el aceite, la sal y el azúcar. La soledad es necesaria, como el silencio, como el color blanco. Necesaria para masticar los bocados de lecciones que la vida intenta que asimilemos continuamente, incesantemente. La soledad resulta beneficiosa cuando deseamos poder lograr posibilidades de introspección, de pensar sobre nosotros mismos, como oportunidad de crecimiento.

Estar acompañado me resulta importante, así como requiero de la soledad, necesito la compañía. “Ningún hombre es una isla” reza la frase. Nadie está desconectado de nadie y en algún momento de nuestra existencia debemos establecer contacto con alguien, es imprescindible para nuestro desarrollo, para poder vivir. Para poder vivir. La interacción con otras personas es vital, sin ella podemos terminar malogrados.

Esto que yo hago, escribir y expresar de alguna manera la forma como pienso y siento acerca del mundo es un trabajo de soledad. Poder plasmar mis emociones y mis ideas en oraciones y enhebrarlas unas con otras hasta formar un tejido más o menos conciso requiere de soledad, pero la fuente de estas palabras, de estos tejidos representando de alguna manera mis ideas, mis sensaciones, percepciones, sentimientos, surge de mi interacción con otras personas, de aquello que me dan y lo que yo pudiera aportarles eventualmente.

El acto creativo suele caracterizarse por la soledad, el proceso de construcción, de plasmar, de lo que sea, suele caracterizarse por la soledad. El germen de la creación nace de la observación y nace de nuestra interacción. Vivir y amar son vitales para vivir y crear. Sin vida y sin amor por la creación, por lo creado  y el acto creador, la vida sería aún más áspera de lo que ya pudiera ser en un primer momento.

Les decía al principio que esperaba sentado en una plaza. Aquí sigo. Esperando sentado en una plaza, solo, aunque con la esperanza de que pronto estará aquí conmigo la persona amada. La espero aquí en soledad porque disfruto de este estado tanto como disfruto de la compañía de otros. Mi soledad y la compañía son voluntarias. Esta última, una oportunidad para demostrar mi amor. La soledad, una oportunidad para el acto creativo. Gracias por leerme, los dejo. Aquí viene ella. La veo acercarse. Seguramente nos abrazaremos, una oportunidad para demostrar amor. El amor que no se manifiesta es una oportunidad que nos negamos a nosotros mismos.

Autor: Daniel Rojas Salzano

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