Saltos de Fe

Pasan los días y de acuerdo a cómo se van presentando las cosas en mi propia vida voy teniendo mis altos y mis bajos. En ocasiones me siento feliz, alegre, pletórico, exultante y en otros momentos me siento completamente desesperanzado, pesimista, triste, con miedo. Aun así me pregunto qué debo hacer. Es en estos momentos cuando trato de insistir aún más en moverme hacia  la felicidad, cerrar los ojos y seguir viviendo; de alguna manera dar un salto al vacío, eso que llamo en ocasiones “los saltos de fe”.

Generalmente me siento bien, con alegría y no puedo ni quiero evitar en otras ocasiones tener mis momentos de desencanto y desesperación. Cuando tengo estos momentos busco motivos para sentirme agradecido por lo que soy, lo que tengo, sentirme bien conmigo mismo y enfocar mi pensamiento hacia lo positivo. ¿Cómo hacerlo? No lo sé realmente, existen muchas maneras, cada persona debe encontrar esa forma de hacerlo. Puede ser meditación, oración, psicoterapia, deportes, trabajo social, cualquier actividad artística, etc. Existen múltiples maneras. Cada quien sabe de alguna manera aquello que potencialmente le hace feliz y aquello que potencialmente le hace infeliz.

Esto no significa que me niegue a ver las cosas terribles que están sucediendo, pero me da la idea que a pesar de las cosas malas que continuamente suceden y que existen personas haciendo cosas negativas, existen muchísimas personas haciendo muchas cosas buenas. Como decía el fallecido trovador y poeta Facundo Cabral: “Por cada bomba que explota hay un millón de caricias”. Una bomba deja una mayor impresión en nuestra memoria. Sus resultados aún más. Los daños de una bomba suelen ser devastadores. El efecto acumulador de las caricias y del amor es silencioso. El efecto acumulador del amor es silencioso y se mantiene en el tiempo.

No necesitamos catástrofes para expresar nuestra bondad. No es necesario que sucedan cosas que nos estremezcan para comenzar a buscar un sentido positivo a nuestras existencias. Basta con mirar a nuestro alrededor, existe suficiente desgracia y también existen muchas personas y muchos seres de los cuales se desprende la gracia con la cual sostenernos y encontrar razones para sentirnos felices en la vida. Razones para comprometernos a hacer del mundo un lugar mejor.

Autor: Daniel Rojas Salzano

 

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Propósitos de año nuevo / New Year’s Resolutions

¿Propósitos de año nuevo? ¿Qué hacemos con los propósitos de cada año nuevo? Cada año que inicia conlleva consigo una lista infinita de intenciones y tan numerosas como personas existen, sin embargo, estos son para iniciarlos aquí y ahora.

Tampoco es que necesitamos formularnos propósitos para vivir, lo que necesitamos es vivir, no necesitamos llenarnos una mochila con intenciones que luego no cumpliremos. Necesitamos saber que podemos existir tal como somos, sin tantos argumentos y/o conceptos acerca de nosotros mismos. Necesitamos observarnos y apreciarnos con lo que ya tenemos, nuestras luces y sombras.

Más allá de los propósitos de año nuevo, creo que para vivir más o menos decentemente se requieren tres cosas básicas: 1) Estar centrado en mi presente, 2) Responsabilizarme de mi y 3) Tener autoconciencia. Con base en estos tres principios básicos creo que se puede tener una vida bastante buena.

Estar centrado en el presente, implica vivir en el aquí y el ahora. El tiempo es un continuo indetenible. No hay manera de recuperar el pasado puesto que este ya se ha ido. El pasado ha quedado atrás. Podemos aprender del pasado, sentir tristeza o nostalgia por el pasado, podemos quedarnos a vivir en el pasado, sintiendo pena por aquello que hemos perdido, por aquello que ya ha pasado, por lo sucedido, pero eso ya ha ocurrido. Podemos sanar las heridas del pasado que aquí y ahora, siguen abiertas. Podemos inquietarnos por el futuro, sin embargo, es incierto y no podemos de ninguna manera tener una previsión absoluta sobre lo que podría ocurrir en nuestras vidas. ¿Qué les puedo decir acerca de mí? Quisiera yo mismo inquietarme menos por el futuro, pero no lo puedo controlar, para lo cual, me funciona centrarme en el aquí y el ahora. Tampoco quiere decir esto que no pueda planificar lo que voy a hacer u observar. Sólo quiero significar que desde la “centración” en el presente puedo observar estos tiempos, pasado y/o futuro, sin embargo, siempre desde el aquí y el ahora. Lo que sí implica el estar centrado, es evitar fantasear con el futuro o bien, quedarme enganchado en el tiempo que pasó, tanto si fue bueno como si fue malo, evadiendo lo que estoy viviendo aquí y ahora.

Lo siguiente es responsabilizarme por mí mismo. Puedo cuidar de otros, puedo ayudar a otras personas, pero siempre teniendo como punto de partida mi propio ser. Si yo me encuentro mal (lo que sea que para ti signifique mal) es muy difícil que pueda generar bienestar a mi alrededor y el costo de generarlo sería muy alto para mi existencia. Así mismo, la responsabilidad por mí mismo tiene que ver con mis propias elecciones. Pasarme la vida entera señalando a otros por lo que ocurre en mi vida es una pérdida de tiempo terrible puesto que no existe peor intento que tratar de cambiar mi vida pensando en lo que otros hagan o dejen de hacer. Las personas son como son, buenas y malas, acertadas y desacertadas, amorosas y odiosas, generosas y mezquinas; no puedo cambiar el hecho de que los demás sean como son, únicamente puedo generar cambios en mí. Te doy un ejemplo. Si estás enojado porque una persona abusa de ti, lo único que puedes hacer es defenderte, pero no puedes defenderte teniendo como expectativa que esa persona deje de hacer lo que hace, porque quizá no cambie nunca, lo único que puedes hacer es poner límites, defenderte, asumir otra actitud frente a esa persona, cuidarte a ti mismo, dejar de ser una víctima.

Por último, tener conciencia de ti requiere estar centrado en el aquí y el ahora, responsabilizarte por tu propia existencia y tus decisiones y en consecuencia, estar en contacto con tu humanidad, con tus pensamientos, tus sentimientos, sensaciones, con tu cuerpo, con tu intuición, tus sentimientos. Existen unas emociones básicas, rabia, miedo, tristeza, desagrado y alegría. Tener conciencia de ti requiere que puedas de alguna manera saber lo que sientes frente a cada situación. Identificar y regular tus emociones. Asumir tus emociones y tus pensamientos como tuyos, tus decisiones como tuyas, tus errores y tus aciertos como tuyos. Sin culpar a los demás, a las situaciones, a Dios, al destino, la suerte, el universo, etc.

Al inicio hablábamos de propósitos. Pues bien, haz todos los propósitos que apetezca, sin embargo, ten en cuenta esos elementos que te mencioné, estar centrado en el aquí y el ahora, responsabilizarte por ti mismo y ten conciencia de tu propio ser, conciencia de ti mismo. No pongas tu vida en las manos de otras personas ni te tragues el cuento de que otros están a cargo de tu vida.

Se consciente de ti, asume tu vida y mantente presente en el aquí y el ahora. Ten fe, en lo que decidas tener fe. Agradece. Vive.

Autor: Daniel Rojas Salzano


 

New Year’s resolutions? What do we do with the purposes of each new year? Each year that it starts carries with it an infinite list of intentions and as numerous as there are people, however, these are to start them here and now.

Neither is it that we need to formulate purposes to live, what we need is to live, we do not need to fill a backpack with intentions that we will not fulfill later. We need to know that we can exist as we are, without so many arguments and / or concepts about ourselves. We need to observe and appreciate ourselves with what we already have, our lights and shadows.

Beyond the New Year’s resolutions, I believe that to live more or less decently, three basic things are required: 1) Be focused on my present, 2) Take responsibility for myself and 3) Have self-awareness. Based on these three basic principles anyone can have a pretty good life.

Being centered in the present implies living here and now. Time is an unstoppable continuum. There is no way to recover the past since this one is already gone. The past has been left behind. We can learn from the past, feel sadness or nostalgia for the past, we can stay to live in the past, feeling sorry for what we have lost, for what has already happened, for what happened, but that has already happened. We can heal the wounds of the past still open here and now. We may worry about the future, however, it is uncertain and we can not in any way have an absolute foresight about what could happen in our lives. What can I tell you about me? I would like to worry myself less about the future, but I can not control it, for which it works for me to focus on the here and now. Nor does this mean that I can not plan what I am going to do. I just want to mean that from the “focus” in the present I can observe these times, past and / or future, however, always from the here and now. What it does mean to be centered, is to avoid fantasizing about the future or to stay stuck in the past, whether it was good or bad, avoiding what I am living here and now.

The next thing is to take responsibility for myself. I can take care of others, I can help other people, but always having my own being as a starting point. If I feel bad (whatever bad means to you) it is very difficult for me to generate well-being around me and the cost of generating it would be very high for my existence. Likewise, responsibility for myself has to do with my own choices. Spending my whole life pointing to others for what happens in my life is a terrible waste of time since there is no worse attempt than trying to change my life thinking about what others do or do not do. People are the way they are, good and bad, right and wrong, loving and hateful, generous and petty; I can not change the fact that others are the way they are, I can only generate changes in me. I give you an example. If you are angry because a person abuses you, the only thing you can do is defend yourself, but you can not defend yourself with the expectation that person will stop doing what does, because it may never change, the only thing you can do is set limits, defend yourself, assume another attitude towards that person, take care of yourself, stop being a victim.

Finally, being aware of yourself requires being centered in the here and now, taking responsibility for your own existence and your decisions and, consequently, being in touch with your humanity, with your thoughts, your feelings, your sensations, with your body, with your intuition, your feelings. There are some basic emotions, anger, fear, sadness, displeasure and joy. Being aware of you requires that you can somehow know what you feel in front of each situation. Identify and regulate your emotions. Assume your emotions and your thoughts as your own, your decisions as yours, your mistakes and your successes as yours. Without blaming others, situations, God, fate, luck, the universe, etc.

At the beginning we talked about purposes. Well, do all the purposes you want, however, keep in mind those elements that I mentioned, be focused on the here and now, take responsibility for yourself and be aware of your own being, awareness of yourself. Do not put your life in the hands of other people or swallow the story that others are in charge of your life.

Be aware of yourself, assume your life and stay present in the here and now. Have faith, in what you decide to have faith. Be grateful. Live on.

Author: Daniel Rojas Salzano

Para ser feliz hay que hacer

Para ser feliz hay que hacer un esfuerzo. Quizá parezca extraño, pero para ser feliz hay que hacer un esfuerzo y poner de nuestra parte. En donde colocas el corazón, ahí habrá felicidad y la felicidad es contagiosa. Es una de las cosas más contagiosas que existen.

Nos han enseñado muchas veces que la felicidad no es adecuada para todas las ocasiones. Por ejemplo, si estás feliz en el trabajo es algo raro. Se supone que estés serio y que no expreses felicidad. El que sufre en el trabajo, es el que más empeño le coloca al mismo. Es uno de los muchos mapas con los cuales nos movemos por el mundo, por citar alguno.

Pero esto de ser feliz es más que una frase, muy trillada por cierto. Implica esfuerzo, creatividad y compromiso de revisar las propias creencias sobre lo que nos hace felices y lo que nos genera también infelicidad, dolor, tristeza, rabia y miedo. Ser feliz no se trata de olvidarse de otras emociones, olvidarse de los problemas; pensar que el mundo o mi mundo, anda maravillosamente y por lo tanto el mundo de los demás también debe ser así.

Ser feliz requiere un esfuerzo porque el mundo está muy maltratado; hay mucha gente maltratada. Ser feliz en este mundo duro y solitario puede ser un gran tesoro y puede ser incluso de una gran ayuda para otras personas, porque como mencioné antes, la felicidad es contagiosa. Las otras emociones también lo son, contagiosas.

Cuando pensamos negativamente (más ahora que las perspectivas no parecen ser demasiado alentadoras), es fácil sumirnos en un pesimismo que termina siendo tan contagioso que quizá las soluciones están a la vuelta de la esquina y no somos capaces de percibir otras opciones. Estamos tan enfocados en ver un aspecto determinado de la realidad y de cuidarnos solo a nosotros mismos que nos olvidamos de ver las cosas desde otra faceta. Olvidamos buscar la felicidad dentro de nosotros mismos.

Así como muchas veces nos programamos para sentirnos de alguna manera determinada frente a una situación, también tenemos la gran capacidad de responder de forma positiva ante las situaciones. No digo con una gran carcajada, pero vamos, al menos hacer el esfuerzo por mantener una predisposición positiva ante la realidad que está frente a nosotros y que para muchos no parece pintar bien.

Poco a poco, en la medida en la cual vayamos realizando esfuerzos por pensar en la felicidad, por sentir felicidad, por reenfocar nuestra realidad de manera que hallemos felicidad y alegría, estoy seguro que con mayor frecuencia  la encontraremos más cerca del núcleo íntimo de nuestro ser.

Los seres humanos tenemos la maravillosa capacidad para generar soluciones creativas y novedosas frente a las dificultades de nuestro entorno. Así mismo estoy seguro que encontraremos la medida de poner un freno a esta falta de entusiasmo general y lograr más temprano que tarde irnos llenando de motivos para ser más alegres y felices.

Esta situación requiere implicación de cada uno de nosotros como individuos y requiere de todos como colectivo. No es una sola persona la que logrará despertar un sentimiento común y extendido de felicidad. Se necesitan muchas. Pero para que existan esas muchas definitivamente debe existir la voluntad individual de sumar esfuerzos por generar alegría y felicidad.

Nos han tocado tiempos difíciles, eso lo sabemos todos, no es ningún misterio. La búsqueda de la felicidad parece cada vez más compleja y cuantos más esfuerzos hacemos por comprar o adquirir felicidad, esta parece alejarse con mayor rapidez. La realidad la hemos vuelto tan compleja que la sencillez de la felicidad parece algo fugaz, sutil y leve que desaparece ante nuestros ojos porque la verdadera felicidad está refugiada en nosotros mismos.

Se trata más de un asunto de ser que de hacer o tener. Ser feliz es eso, ser feliz. No decimos ¡ten felicidad, cómprala en la esquina! Nos decimos continuamente sé feliz. La felicidad es eso. Un estado del ser más que del hacer y es más sencillo ser, porque hacer requiere que cada vez debemos tener o hacer más esfuerzos fuera de nosotros, desgastarnos, consumirnos, competir por conseguir cosas, complacer las necesidades de los demás y no las propias.

Afortunadamente me siento bien, con alegría, pero no puedo evitar en otras ocasiones tener mis momentos de desencanto y desesperación. Cuando tengo estos momentos trato de sentirme agradecido por aquello que tengo, sentirme bien conmigo mismo. ¿Cómo hacerlo? Enfocar mi pensamiento hacia lo positivo. No hay una receta única. Existen muchas maneras, cada persona debe encontrar esa forma de hacerlo. Puede ser meditación, oración, psicoterapia, deportes, trabajo social, arte, conversar viéndonos a los ojos, etc. Existen múltiples maneras. Cada quien sabe de alguna manera, en lo más íntimo de sí, aquello que potencialmente le hace feliz y aquello que potencialmente le hace infeliz.

Autor: Daniel Rojas Salzano

Bendecir en tres actos

Bendigo cada cosa que me rodea. La tierra que sustenta mis pies, la cama que me recibe cuando estoy cansado y las sábanas que me arropan. Bendigo mi ordenador porque me tiene paciencia cuando le exijo “dame música, abre internet, quiero leer, ver correo, comunicarme con amigos, escribir mis impresiones más íntimas, trabajar, etc.” Bendigo la casa que me da un techo. La comida que me puedo comer, sea la de mi casa o la que recibo fuera de mi hogar. Bendigo las manos y corazones que ponen esa comida ante mí. Bendigo mi lengua y mi cerebro que pueden decodificarla, disfrutarla; mi estómago. Bendigo las aves que cantan en la mañana y me despiertan aunque falle la alarma (quisiera despertarme sin alarmas). Bendigo las cosas que me rodean. Bendigo las personas que me rodean. Bendigo a mi familia, la natural y las que me han abierto las puertas de sus hogares. Bendigo cada uno de los ambientes en donde hago vida y las personas que están allí presentes. Bendigo el bien que está inherentemente contenido en las malas situaciones que se me presentan y no me gustan, porque de ese mal sabré obtener algo que me beneficiará, algo que me fortalecerá. Bendigo al que me hace bien. No todo el tiempo bendigo a quien me ha hecho mal (pero tampoco lo maldigo). Eso último, lo debo aprender.

Bendecir es uno de los actos más hermosos y puros que existen en la tierra. Bendecir nos conecta con lo bueno que habita en nuestros corazones y con lo bueno de las situaciones, de las personas. Bendecir es una derivación de “decir bien”. Cuando bendigo, digo bien, doy bien a una persona. Independientemente de las creencias que tenga cada uno, bendecir es un acto de desearle el bien a otro ser, incluso es una manera de agradecimiento ante personas, situaciones y cosas. Bendecir, es desear el bien.

Cuando bendecimos las cosas materiales que tenemos, de alguna manera estamos reconociendo desde una perspectiva positiva a todo aquello que tenemos, sea abundante o escaso. Cuando bendecimos, le estamos deseando el bien a eso que tenemos y nos hacemos conscientes de la presencia de “esa cosa” en nuestras vidas, no la damos por sentado y sabemos, de alguna manera, que esa cosa en nuestra vida podría no estar. Ese objeto, aparato, artilugio, cosa material que bendecimos, lo estamos reconociendo y le estamos de alguna manera agradeciendo por hacer nuestra vida un poco más fácil. Más sencilla. Quizá más alegre. Según lo que sea ese algo. Paradójicamente, algunas personas que en abundancia tienen, no suelen bendecir demasiado sus cosas. Dan por sentado que las cosas existan y tengan que existir en sus vidas. Aunado a una sensación de insatisfacción que va siendo creciente en la medida en que más se tiene. Generalmente.

Las personas que están a nuestro alrededor también son dignas de recibir nuestra bendición. Con algunas personas tenemos la sensación de que debemos bendecirlos, a otros quizá no. De otros, necesitamos que nos bendigan y hasta pedimos la bendición. Al menos es una costumbre muy arraigada en Venezuela. En cualquier caso, sea que expresemos o no tal bendición, sea que las bendigamos o no, lo que no debemos hacer es maldecir a nadie. Maldecir a una persona es condenarnos a ensuciar nuestra alma, nuestro pensamiento o nuestra boca con una palabra que es tan desagradable y espantosa como lo que intenta expresar. Por el contrario, bendecir a una persona implica una suerte de sortilegio hermoso y luminoso que independientemente de la persona a la cual sea dirigida la bendición, de vuelta nos llena el espíritu, el pensamiento y la boca de una energía clara, positiva.

Bendecir las situaciones también debería ser parte de nuestras acciones. Recuerdo una hermosa frase que leí de Conny Mendez que decía “bendigo el bien en esta situación”. Hermosa frase de esta compositora venezolana. Cuando se refería a “Bendecir el bien en una situación determinada” pretendía que de alguna manera reconociéramos aquello positivo que estaba presente en una situación determinada con la que estuviéramos en desagrado y  nos sitúa en una especie de apertura mental que nos prepara para recibir y elaborar cuanto debamos aprender de la experiencia. No todas las situaciones son tan malas como para no aprender absolutamente nada de ella y bendecir el bien en una situación desafortunada, particularmente me ha servido para aplacar mi pensamiento atribulado y lograr serenar mi cerebro y mi pensamiento con el propósito de generar una especie de transformación tanto en lo emocional como en lo cognitivo que me conduce a la búsqueda de oportunidades de crecimiento y la posibilidad de encontrar una solución para resolver aquello que me supera en un punto determinado.

En fin, bendecir, sea lo que sea o a quien sea que bendigamos y por el motivo que sea, nos posiciona en un lugar privilegiado y de mayor humildad. Intuyo que una mente que ha bendecido es una mente que puede mantener la calma por mayor tiempo. Bendecir es una acción generadora de encuentros. Con uno mismo y con los demás. Bendecir es un instrumento para tender puentes, para construir relaciones. Bendecir es un verbo activo en continuo movimiento y acción. Bendecir, aunque sea por costumbre, es mucho mejor que la palabra que afea el diccionario. Bendecir es un sueño hermoso. Decir bien a algo, alguien o alguna situación es reconocer la existencia propia, la existencia ajena y la sagrada existencia que se manifiesta en una unión común que se da entre humanos.

Autor: Daniel Rojas Salzano

“Que te encuentre trabajando”

Algunas veces escribo sin tener una gran idea acerca de qué escribir. Por mucho que le de vueltas, en momentos pareciera que se gasta la inspiración, incluso en momentos la inspiración pareciera ser escurridiza, huye por los atajos que no logramos cerrar para que se quede junto a nosotros. Cuando la inspiración se cuela entre nuestros dedos no queda más que sentarse a trabajar, aunque lo que salga, lo considere improductivo.

Picasso decía: “La inspiración existe, pero debe encontrarnos trabajando”. Esta frase tan simple, viniendo de la mente del propio Pablo Picasso es una joya y una maravillo premisa para la producción artística, científica, gerencial, etc. Él, que tantos trabajos produjo y tanto que le dio al arte. En momentos la inspiración pareciera resultar caprichosa y requiere que la dejemos tranquila, que no la atosiguemos, nos obliga a sentarnos a trabajar para luego venir a nosotros y comenzar a soplar en nuestras orejas qué hacer y cómo hacerlo.

La inspiración es un ente sutil, etéreo y vaporoso que nos circunda pero que cuando intentamos mirarle de frente se escabulle rápidamente, es como si tuviera una cierta timidez a su propia desnudez y desea ser vista con decoro.

Definitivamente la inspiración consiste en un momento mágico de fluidez que ocurre con una limitación bien definida tanto en tiempo como en espacio y el resto le queda al trabajo artístico, puro y duro, sistemático y técnico que aporta el desarrollo y la materialización de la obra.

La inspiración es una idea, un salto fugaz y rápido, un eco lejano de nuestro propio corazón, un soplo de aliento divino que nos orienta, nos aporta un curso de acción pero que si no está acompañado de trabajo se queda sólo en eso, en esa fugacidad que se dispersa rápidamente y que de sí queda, si acaso, un recuerdo.

Nos debe encontrar trabajando. La inspiración es así. Nos premia con su presencia si estamos comprometidos con aquello que estamos realizando, poniendo el corazón y la razón en lo que elaboramos, quizá nos ayuda en un momento y pareciera que tomara nuestro cuerpo haciéndonos sentir como si algo más grande que nosotros hablara a través de nuestra propia existencia. Algunos le llaman Dios, otros las musas, algunos dicen que es un ángel, otros que es una conexión con lo divino o sagrado, en fin, que esa inspiración pareciera no ser del todo humana. Quizá no creemos que los seres humanos, tan terribles en momentos, tan destructivos y llenos de rencores, dolor y rabia, seamos capaces en otras ocasiones de las creaciones más sublimes.

El trabajo que debe anteceder a la inspiración, tendría que ser un trabajo continuo y sostenido, hecho incluso en esos momentos que pareciera que nos pesa, momentos en los cuales nuestro organismo incluso pareciera pedirnos algo diferente al trabajo, artístico, científico, humano, pero algo diferente. Sin embargo, cuando estamos decayendo, es cuando viene la inspiración y nos salva, sacia nuestra sed de algo que necesitamos de forma importante y nos otorga esas fuerzas aparentemente perdidas, la genialidad necesitada y nos pone en seguida a trabajar.

La inspiración sin trabajo no tiene mayor mérito y sin embargo, el trabajo sin inspiración resulta pesado, aburrido y tedioso. Incluso doloroso. El trabajo sin inspiración en algún momento es un trabajo sin sentido y se convierte en castigo. Es por ello que la inspiración se hace necesaria porque además esta nos provee de otra manera de observar las cosas. La inspiración incluso nos motiva para ser capaces de realizar nuestro trabajo de forma diferente, poder hacerlo mejor y si logramos este propósito, entonces ello refuerza nuestra creencia de que podemos hacerlo más óptimo.

La inspiración es necesaria porque esta le otorga un sentido a aquello que hacemos, sobre lo que trabajamos.  La inspiración es un bálsamo que nos desliza por el camino tortuoso y duro de la vida. Lograr tener inspiración redunda en que haya coherencia entre lo racional, lo afectivo y lo comportamental, que en fin, nos lleva a tener una vida en consecuencia con un sentido para hacer las cosas, por muy sencillo que este sentido sea.

Que la inspiración me encuentre siempre trabajando, aún cuando me siente frente a esta pantalla y pareciera que no tenga nada sobre lo cual escribir. Que la inspiración te encuentre trabajando, aun cuando te sientes frente al intento de obra que estás haciendo y sientas que tienes la mente en blanco. Que te encuentre, bien sea que trabajes en tu casa, en una empresa, en la calle, en un hospital, en un colegio, donde quiera que trabajes que te encuentre la inspiración, para que tu trabajo y tu vida tengan un sentido, que al final del día te acuestes con satisfacción porque has encontrado la inspiración.

Autor: Daniel Rojas Salzano

Nos enseñan/aprendemos en la casa, en el colegio y en la calle múltiples cosas, pero poco nos enseñan a vivir y ser felices. ¿Pero de qué se trata eso? Confieso que lo escribo y ni yo mismo sé de qué se trata esto de vivir feliz. No tengo ni idea, aunque intuyo algunas cosas. ¿Qué es ser feliz? No sé qué es ser feliz, incluso creo que esto cambia radicalmente de una persona a otra, sin embargo, en lo que todos estamos de acuerdo es que deseamos vivir siendo felices.

Nos moldean y nos entrenamos nosotros mismos para lograr altos niveles de insatisfacción y sentir que la vida cada vez tiene menos sentido, pero no nos entrenamos para que nuestra vida tenga más sentido o para reaccionar más felizmente a las situaciones adversas.

Para ser felices buscamos montones de cosas. Desde lo más estúpido hasta lo más interesante, desde lo más sencillo hasta lo más complicado. Pero aún así no sabemos de qué se trata esto de vivir y de ser feliz. La búsqueda de la felicidad fuera de nosotros, fuera de mí tiene vinculación con conductas que yo mismo genere día a día. Perdonen, no está escribiendo un maestro iluminado, ni un súper gurú de estos que hay hoy en día. Les escribo yo, un humano común y corriente, que ríe, que sufre, que llora, que goza pero que está en el camino y en la búsqueda, de la felicidad, del bienestar. Cuando digo estoy en el camino, no es siquiera afirmar que estoy en la vía adecuada, simplemente expreso que estoy en la búsqueda, voy en el camino como todos vamos en el camino y trato de abrir mis ojos durante el viaje para poder encontrar cada vez más las ocasiones para sentir la felicidad.

He pasado un buen tiempo dentro de la educación formal, debo confesar, no me han enseñado a ser feliz. También cabe preguntar ¿es posible que nos enseñen a ser felices? ¿es posible aprender a ser feliz? Quisiera tener la respuesta para todas estas preguntas, sin embargo, no encuentro nada que pueda escribir como una receta mágica para que todas las personas seamos felices ¿Alguien conoce a alguna persona que verdaderamente y con convicción no desee ser feliz? Porque al fin y al cabo, para qué queremos sufrir.

Buscamos todos los medios posibles para ser felices. Cuando digo todos los medios me refiero a todos los medios. Hemos sido capaces, como raza, de llegar a cualquier condición con tal de ser felices, queremos estar bien y repetidamente a cualquier precio con tal de no experimentar ni media gota de dolor o malestar. Los resultados han sido desastrosos.

Para ser felices buscamos continuamente cosas que nos alegren fuera de nosotros. No nos bastamos a nosotros mismos para ser felices. Ni siquiera intentamos bastarnos a nosotros mismos para ser felices y estamos viendo siempre hacia afuera, viendo al otro, comparándonos y aceptando que nos comparen, que nos establezcan medidas sobre qué es adecuado y qué no  es adecuado.

Algunas veces nos escondemos para buscar la felicidad. Otras veces nos exponemos para poder encontrarla. Algunas veces salimos heridos en nuestros intentos y otras veces conseguimos sentirnos victoriosos, para luego sentirnos rápidamente insatisfechos. Ser felices implica, creo, estar en continua retroalimentación con nosotros mismos, tratando de entendernos, comprendernos, expresar sentimientos,  intentar atesorar en nuestra memoria recuerdos que impliquen felicidad y no aferrarnos a aquello que nos hace infelices; implica estar abierto a la vida, ser receptivos a las nuevas experiencias porque es cierto, la vida siempre nos puede sorprender de alguna manera.

No digo que vivir con felicidad sea estar continuamente en un estado en el cual todo sea color de rosas y andar por el mundo pregonando nuestra gran alegría y de espaldas al sufrimiento del mundo. No puedo en estas páginas decir ni siquiera cómo ser feliz, ya lo he dicho antes, no hay fórmulas matemáticas ni recetas, si existieran tales fórmulas o quimeras le juro que no estuviera yo aquí escribiendo esto porque simplemente estaría dedicado a hacer al dedillo lo que me recomiendan para ser feliz.

Algo que yo creo y no es tan descabellado, es que para ser feliz nosotros de alguna manera, usted, yo, debemos escucharnos más a nosotros mismos y dejar de escuchar un poco o al menos prestar tanta atención a lo que otros nos están diciendo continuamente y que se empeñan y nos empeñamos en decirle a los demás cómo hacer las cosas.

Hay algo así como una voz interna, una pequeña luz de conciencia que habita dentro de nosotros y que seguramente nuestro cerebro se activa con ella, que es capaz de darnos una señal para que podamos identificar aquello que nos hace feliz y aquello que potencialmente nos puede hacer daño. Aquello que nos hace feliz y habita en nosotros.

Yo estoy buscando. Estoy intentando escucharme a mí mismo y vivir de forma que yo pueda ser feliz, de forma que cada uno de mis días tengan un mayor significado, no acostarme  con la sensación de que mi vida es una porqueriza y que quisiera que fuera más excitante.

Estoy en ese camino. Estoy buscando la forma de ser feliz. Continuamente estoy intentando ver hacia dentro de mí mismo. De algo estoy convencido, la felicidad debe comenzar dentro de uno mismo. No conseguir la felicidad dentro de uno mismo y buscarla siempre afuera es un error en el cual caemos continuamente.

Estoy intentando darle un sentido a mi vida. Vivir una vida con sentido. En este proceso de vivir con alegría, una vida sin sentido sería lo más infeliz. Estoy convencido que lo puedo lograr. Creo que puedo lograrlo teniendo constancia y tenacidad. Y continuamente revisando conmigo mismo ¿Qué es ser feliz?

Observar el mundo que nos rodea

Observar el mundo que nos rodea. Es indispensable observar el mundo que nos rodea con detenimiento. Durante varios siglos la observación ha sido el método por excelencia a través del cual el ser humano a logrado (para bien o para mal) controlar el medio que le circunda, apropiarse de su realidad y ponerla a su servicio. La observación ha sido la fuente de conocimiento más importante que ha tenido la humanidad a través de los siglos. Esa observación puede ser del mundo externo o la observación de la vida interna del propio ser.

Cuando estamos frente a la vida con los ojos cerrados esta se empeña por abrirnos los ojos, al principio con mensajes amorosos, luego con chispas de luz y por último, si las estrategias anteriores no han dado resultado, la vida nos despierta a golpes, con sorpresas. Ir por la vida de espaldas a ella es imposible, en algún momento debemos verla directamente porque al fin y al cabo la vida nos envuelve, estamos dentro de ella y no podemos escapar a su influjo y lo que significa.

En estos momentos de conflicto que nos está tocando transitar es cuando más debemos andar en una actitud de observación ya que es a partir de estas situaciones cuando verdaderamente nos forjamos. Por alguna razón que desconozco, los seres humanos no solemos aprender las lecciones más importantes cuando estamos en calma o cuando la vida es simple o melosa. Es cuando la vida se hace más complicada y ruda, el momento cuando aún más aprendemos en nuestra existencia porque posiblemente estas situaciones exigen de nosotros desplegar una serie de recursos personales que nosotros mismos no teníamos idea que poseíamos.

Particularmente no creo en la tesis de que la vida o el mundo es, absolutamente, un valle de lágrimas. La vida es pasión y aburrimiento. Gozo y sufrimiento. Aprendizaje y desaprendizaje. Estancamiento y desarrollo. La vida es positivo y negativo. Nuestra existencia constantemente se desplaza entre los dos polos de un mismo continuo y lo más complicado quizá es encontrar el justo equilibrio.

Aún cuando no creo en esa tesis de que la vida es un valle de lágrimas, tampoco creo en la vida como un plácido campo donde todo está servido a nuestro antojo. Continuamente debemos luchar y esforzarnos por conseguir nuestras metas y objetivos. Es parte de existir. En esta búsqueda y proceso de observación  concurren generalmente problemas y situaciones desagradables, experiencias que nos ponen a prueba y nos hacen cuestionarnos a nosotros mismos acerca de qué somos, quiénes somos, para qué estamos donde estamos y hacia dónde queremos ir.

No siempre es posible tener todas las respuestas a nuestras interrogantes y sería triste tenerlas todas y encontrarnos en algún momento de nuestras vidas incapaces de formularnos nuevas preguntas, tener nuevos cuestionamientos y dudas, incapaces de tener curiosidad acerca de algo. La pregunta formulada a nosotros mismos acerca de lo que nos rodea o de nuestro ser interno equivale a una puerta  abierta que nos invita a explorar una habitación nueva y desconocida llena de sorpresas. Para encontrar las respuestas necesarias debemos atrevernos a cruzar el umbral que nos separa de esa habitación.

Las nuevas situaciones nos plantean escenarios y retos diferentes. Formas diversas para abordar los problemas. Quizá lo que ayer funcionó de forma adecuada, hoy no funciona de forma correcta. Es parte de la vida. Cuando entendemos que los problemas, las situaciones inesperadas y en ocasiones desagradables son inherentes al proceso de vida y que se repetirán a lo largo de nuestro ciclo vital, disminuimos en cierta medida la carga de sufrimiento.

La huida o la evitación no nos alejarán de los problemas o las situaciones. De hecho, la vida es un poco obstinada y siempre nos hará, de forma inevitable, confrontarnos con nuestros miedos, con nuestros temores, nos hará confrontar aquello de lo que queremos huir o evitar sea esto lo que sea. Es por eso que digo, abramos los ojos, observemos el mundo que nos rodea.

Es necesario que observemos el mundo. Andar por la vida con los ojos cerrados y negando cuanto sucede a nuestro alrededor implica andar a ciegas y vivir con un miedo que nos imposibilita. Implica no crecer y mantenernos en una conducta irresponsable. Cuando no confrontamos la vida y lo que ella trae hacemos dos cosas, o bien evitamos la situación y dejamos que nos pase por un lado, o bien, activamos la conducta de huida.

A cualquier edad siempre podrán haber lecciones importantes de vida y a la edad que tengamos continuaremos equivocándonos, teniendo retos y pruebas.  Continuemos observando. Intentemos responder las preguntas que nos persiguen e intentemos tener nuevas interrogantes. La vida está llena de pruebas y nunca será de otra forma, pensar lo contrario implica querer huir o evitar. La existencia es un espiral y en ocasiones debemos transitar varias veces los mismos lugares desde diversas perspectivas.

Cualquiera que sea nuestra situación de vida actual, no importa si es casado con hijos o sin hijos, con o sin trabajo, con salud o sin ella, etc., la vida siempre nos tiene preparadas pruebas para medir nuestro talante y forjarnos, hacernos más fuertes, más agradecidos, más sabios, más amorosos.

 

Afrontar el futuro

Nos encontramos continuamente en encrucijadas, en puntos cruciales de toma de decisiones y la vida, según el contexto de cada quien, se va haciendo cada vez más compleja. Nuestras decisiones y  nuestra actitud para afrontar el futuro es lo que nos puede determinar como seres humanos. En ocasiones existen decisiones propias que pueden determinar nuestra vida por mucho tiempo así como existen decisiones menos trascendentes que pueden tener un menor impacto sobre nuestra realidad.

Las decisiones trascendentes son difíciles de tomar sobre todo porque los niveles de incertidumbre se elevan ante nosotros hasta cotas desconocidas y es nuestra capacidad para tolerar la incertidumbre lo que generalmente nos lleva a paralizarnos para tomar decisiones o esa misma capacidad de tolerar la incertidumbre lo que nos mantendrá en pie para continuar con nuestro camino.

La mejor forma de afrontar el futuro es asumiendo el presente. El presente es lo más certero, lo más real y verídico que tenemos en nuestras vidas porque el pasado ya no está con nosotros y sólo se mantiene como parte de nuestros recuerdos, el futuro no lo conocemos porque simplemente es un compendio de elucubraciones, de cálculos probabilísticos que elaboramos con nuestra mente y que en muchos casos nuestro cerebro lo interpreta como si realmente  lo estuviéramos viviendo, situados concretamente en ese momento imaginario.

Tomamos decisiones que marcan nuestro futuro. Esa persona que seremos quizá nunca hubiera tomado aquella decisión que decidimos asumir o bien, aquella persona lo hubiera hecho de otra manera, pero al fin y al cabo, debemos tomar decisiones y desde el más creyente hasta el materialista más acérrimo de alguna manera genera un acto de fe confiando en que esta decisión tomada es la más correcta. Confiamos o tenemos fe en el presente, que esa persona del futuro se sentirá cómoda con aquella decisión que tomó aquella persona del pasado o que está asumiendo esta persona del presente.

El futuro, más allá de lo que podamos creer, es pura ficción, el futuro verdaderamente no existe. Es una construcción de nuestro pensamiento. El futuro es lo que creemos que pudiera suceder y en nuestras mentes todo aquello que puede suceder está poblado por un cúmulo infinito de opciones, pero la verdad, es que el futuro simplemente no existe más que en nuestras mentes, aún cuando nuestros cerebros responden a esa previsualización como si esto fuera completamente real y verídico. En este sentido, es por ello que en líneas anteriores planteo que cualquier decisión tomada en nuestras vidas tiene vinculada un acto de fe, de confianza en dios, en la vida, en el universo, en la humanidad o en nosotros mismos simplemente, pero siempre lleva implícito ese acto de fe. Lo contrario sería incapacitante para cualquier persona porque de nuevo, el futuro es incierto y sólo podemos hacer predicciones sobre lo que creemos que podría pasar pero nunca tenemos la certeza absoluta y total de que aquello que creemos que sucederá, de hecho, ocurrirá.

La incertidumbre del futuro, la falta de certeza se hace evidente continuamente a nuestro alrededor, tanto para lo bueno como para lo malo. Buda planteaba: “Los hombres viven como si nunca fueran a morir”. Vivimos sin sentido de finitud. Esto nos compele a dejar ciertas tareas, decisiones importantes de nuestras vidas para otro momento. En el caso de tener la suerte de envejecer, entonces vivimos como si esto nunca fuera a suceder, como si la juventud pudiera ser eterna o rehuyendo a este trance que resulta envejecer, cuando cada etapa tiene su encanto. Disfruta del presente.

El futuro y los resultados que obtengamos del mismo serán siempre una quimera. Afrontar el futuro es una labor que se basa continuamente en el trabajo que hagamos en el presente, y aún, nunca tendremos un cien por ciento de seguridad en cuanto a los resultados. Para tener un futuro esperanzador y brillante no existen fórmulas mágicas, primero porque cada persona debe vivir este proceso de afrontamiento del futuro de una forma particular y que únicamente encuadra dentro del contexto de cada quien y segundo porque cada presente es diferente.

Para afrontar el futuro debemos aprovechar definitivamente el presente. Podríamos pasar tanto tiempo centrando nuestro pensamiento en lo que ha de venir o en lo que pudiéramos vivir que dejamos de disfrutar lo que tenemos en el momento, perdemos nuestra conciencia en cuanto al tiempo y el espacio del presente y así se nos pasa la vida, desatentos a lo que tenemos en el aquí y el ahora.

Cuando vivimos centrados en el futuro, éste  se convierte en la figura principal de un fondo que es el presente al cual no le prestamos atención. En última instancia nos hacemos observadores continuos de una ilusión (el futuro), de un espejismo que se aleja continuamente de nosotros porque al final aquello que imaginamos que ocurrirá, una vez acontecido el presente, suele ser diferente y nos encontramos ante una fuerte discrepancia entre ese ideal y ese evento real sucedido.

Aprovecha el presente. La mejor manera de tener un buen futuro, es aprovechando el presente y disfrutando el presente. Haciendo lo que amamos. Amando a quienes amamos. Haciendo las cosas lo mejor que podemos en el presente. Somos seres finitos y como tales en algún momento la vida cesa. Nunca sabremos cuándo. Es por ello que debemos disfrutar, aprovechar, tomar ventaja del presente. Toma conciencia de ti en este preciso instante, toma conciencia de las personas que amas. Agradece tu presencia en sus vidas y la de ellos en la tuya. No te extravíes en las elucubraciones del futuro porque realmente lo que pierdes es el presente.

Encontrarse, la soledad y la compañía

Una plaza es un buen sitio para abrazarse, para encontrarse, ver personas que hace tanto no ves. En la cumbre de los encuentros, el mejor momento es el abrazo de una persona a quien le profesas cariño, es inigualable. No importa lo corto o largo de ese gesto, básicamente lo que resulta importante es dar ese abrazo y de alguna manera comunicar lo importante que esa persona resulta para ti.

Desde una plaza, desde el anonimato, observo a otras personas mientras hablan, beben, comen. Los solitarios somos menos, pero gozamos de cierta omnipresencia, observadores aficionados. El oficio de escribir en este momento resulta precioso, una pausa entre tanta algarabía, un paréntesis personal entre la acción del trabajo, verbos, gerundios, presentes efímeros, pasados recientes, futuros desconocidos.

La soledad del instante, la vastedad del momento, la grandeza de salirse de lo cotidiano y la espera…también los solitarios esperamos. Yo espero. En mi caso, espero el amor, la persona que me ha enseñado a amar de una manera que yo no había conocido anteriormente, así como a  recibir amor y querer su compañía. Sé que no estoy definiendo el tipo de amor, pero ¿Acaso podemos definir el amor? ¿Podemos definir el amor que profesamos por alguna persona, sea quien sea? El amor se siente y se manifiesta, porque el amor que no se manifiesta es una oportunidad que nos negamos a nosotros mismos.

Sigo observando, mientras tanto sigo esperando y escribiendo en un breve instante que no tiene precio. Esta soledad es cómoda sólo sabiendo que será corta, que no durará siempre, al menos es lo que conservo y lo que abrigo. Creo que la soledad obligada y sin opción debe ser dolorosa. Como decía Nietszche: “la soledad ablanda, corrompe y pudre”. Algunas veces se huye de la compañía de otros por no creerse acreedor de la misma, por miedo, por huir. Algunas veces se rehuye a la presencia de otros en nuestras vidas por heridas antiguas, no sanadas y que no deseamos que se abran de nuevo.

La soledad más terrible debe ser la impuesta a una persona  a través de un ejercicio de poder y exceso de autoridad, quedando así en el aislamiento y condenado a estar en un espacio físico reducido, esto con el único propósito de mantener fuera de un juego político a alguien o porque simplemente no te ha gustado que esa persona opine en contra de ti.

Soledad y compañía. En la buena ensalada de la vida estos dos estados son necesarios, son el vinagre y el aceite, la sal y el azúcar. La soledad es necesaria, como el silencio, como el color blanco. Necesaria para masticar los bocados de lecciones que la vida intenta que asimilemos continuamente, incesantemente. La soledad resulta beneficiosa cuando deseamos poder lograr posibilidades de introspección, de pensar sobre nosotros mismos, como oportunidad de crecimiento.

Estar acompañado me resulta importante, así como requiero de la soledad, necesito la compañía. “Ningún hombre es una isla” reza la frase. Nadie está desconectado de nadie y en algún momento de nuestra existencia debemos establecer contacto con alguien, es imprescindible para nuestro desarrollo, para poder vivir. Para poder vivir. La interacción con otras personas es vital, sin ella podemos terminar malogrados.

Esto que yo hago, escribir y expresar de alguna manera la forma como pienso y siento acerca del mundo es un trabajo de soledad. Poder plasmar mis emociones y mis ideas en oraciones y enhebrarlas unas con otras hasta formar un tejido más o menos conciso requiere de soledad, pero la fuente de estas palabras, de estos tejidos representando de alguna manera mis ideas, mis sensaciones, percepciones, sentimientos, surge de mi interacción con otras personas, de aquello que me dan y lo que yo pudiera aportarles eventualmente.

El acto creativo suele caracterizarse por la soledad, el proceso de construcción, de plasmar, de lo que sea, suele caracterizarse por la soledad. El germen de la creación nace de la observación y nace de nuestra interacción. Vivir y amar son vitales para vivir y crear. Sin vida y sin amor por la creación, por lo creado  y el acto creador, la vida sería aún más áspera de lo que ya pudiera ser en un primer momento.

Les decía al principio que esperaba sentado en una plaza. Aquí sigo. Esperando sentado en una plaza, solo, aunque con la esperanza de que pronto estará aquí conmigo la persona amada. La espero aquí en soledad porque disfruto de este estado tanto como disfruto de la compañía de otros. Mi soledad y la compañía son voluntarias. Esta última, una oportunidad para demostrar mi amor. La soledad, una oportunidad para el acto creativo. Gracias por leerme, los dejo. Aquí viene ella. La veo acercarse. Seguramente nos abrazaremos, una oportunidad para demostrar amor. El amor que no se manifiesta es una oportunidad que nos negamos a nosotros mismos.

Autor: Daniel Rojas Salzano

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