Vivir para uno mismo

¿Quieres agradarle a todo el mundo? ¿Quieres que todas las personas alrededor de ti te quieran y te busquen incesantemente? Entonces tienes que decir a todos un rotundo y maravilloso “SÍ”. Para que todos te quieran tienes que estar dispuesto, debes estar presente para todos, todo el tiempo, las personas no deben percibir, ni siquiera intuir que tienes una negativa atarugada en alguna parte de tu cuerpo.

Decir que “sí” todo el tiempo es una maravillosa y  poderosa clave para estar rodeado de personas que te quieran y te busquen, sin embargo, decir “NO” es liberador. ¿Cuántas veces te has enganchado en situaciones incómodas por evitar decir no? Intentar complacer a todo el mundo todo el tiempo no sólo es desgastante, también es una ardua tarea porque comienzas a vivir para otros pero no para ti mismo.

Cuantas veces nos decimos a nosotros mismos no, mientras que a los demás les damos un sí, quizá no rotundo, pero un sí que nos compromete. Decir “SÍ” es para seguir adelante, para ir hacia nuestras metas y directo a materializar nuestros sueños. Cuando te dices “NO” a ti mismo porque te niegas a la vida entonces puedes estar negándote a múltiples oportunidades de vida que simplemente no volverán, porque todo en la vida es único y no se repite. Lo que dejas de hacer, de decir, de disfrutar o de sentir no lo podrás recuperar, así como el tiempo también es imposible de recuperar. Puedes siempre vivir otras cosas mejores, iguales o peores, sin embargo, aquello a lo que te niegas no lo podrás recuperar y mientras te niegas cosas a ti mismo, vas consintiendo cosas para los demás y por ende, guardando rabia y resentimiento hacia ti, proyectado hacia los demás.

Con el “NO” podemos establecer límites. Es la forma en la cual nos conocemos más, conocer hasta dónde estás dispuesto a llegar y una forma en que las personas te conozcan verdaderamente. Nunca te llegarán a conocer verdaderamente si eres una persona que vive solo para decir “SÍ” pues aquello que está dentro de ti pulsando para hacer las cosas para sí mismo y no para los demás se mantiene escondida, el pequeño o gran rebelde que habita dentro de cada uno comienza a atacar desde adentro, a dar señales corporales de que no quieres hacer aquello para lo que dices que sí, sin embargo, el tirano, ese que se mueve dentro del “deber ser” te esclaviza para que seas correcto y bueno.

Aprender a decir “SÍ” y aprender a decir “NO” cuando verdaderamente quieres, tienes la necesidad, no cuando tienes que hacerlo es la mejor forma de ser cónsono con tu propia vida y de ser honesto con las personas que te rodean, por al fin y al cabo, aunque la honestidad puede ser un poco más costosa, al final, es más saludable que la insinceridad y el hacer para parecer correcto y adaptado. La sinceridad al final es más agradecida y te orienta más hacia la vida.

Decir “NO” cuando siento “NO” y decir “SÍ” cuando siento “SÍ”. Decir “SÍ” porque  es necesario para mirar la vida de frente. Ser positivo hacia la vida. Hacer que nuestro corazón y nuestro espíritu comulguen juntos, que nuestras acciones y nuestras palabras vayan directo hacia nuestro propio crecimiento como una saeta vuela directo hacia su objetivo.

Autor: Daniel Rojas Salzano

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Hacia uno mismo

Postulaba Aristóteles: “Conócete a ti mismo”. Jean-Paul Sartre planteaba: “cada quien es responsable de su propia vida”. En la vida siempre es necesario obtener conocimiento y el mayor de estos se refiere al conocimiento que se puede obtener a través de la observación de tu propia condición humana. Puedes irte a vivir a una isla y sin embargo siempre te tendrás a ti mismo. Puedes escapar de las voces de las personas, pero tu propia voz interna siempre estará presente. Al final, tú eres tu propio objeto de conocimiento y eres lo único que tendrás a mano las veinticuatro horas del día.

Cada individuo podría decir que sin lugar a dudas se conoce a sí mismo e insistir en que conocerse sería un perogrullo. Conocerte es un proceso que requiere compromiso con tu propia existencia. Profundizar en ello comporta responsabilidad con tu propia vida. Sin responsabilidad no es posible que te conozcas porque no siempre verás cosas que te gusten. Comporta responsabilidad porque de nada sirve culpar a otros por lo que eres y has elegido. Conócete a ti mismo porque en la medida que te conozcas más a ti mismo, seguramente también estarás más centrado ti, más dueño de tu vida.  

Existen áreas de nuestras vidas que son oscuras para nosotros, áreas sobre las cuales no somos conscientes. El autoconocimiento proporciona la posibilidad de iluminar las zonas oscuras de nuestra existencia, las polaridades que no deseamos observar. El autoconocimiento proporciona la luz necesaria para resaltar la sombra que no queremos ver pero que con la luz la podemos observar más claramente. Evitar el autoconocimiento es como caminar a tientas por un cuarto oscuro sin reconocer nada, andar a ciegas, golpeándonos, solo viendo contornos poco definidos de nuestra propia existencia. Cuando encuentras las zonas oscuras, cuando las observas de frente, las reconoces y las aceptas, aumenta tu autoconocimiento. Aumenta la conciencia de ti mismo.

Conócete a ti mismo. Preocúpate por conocerte más a ti mismo que a quienes tienes a tu alrededor. De verdad, profundamente, conócete a ti mismo. Luces y sombras. Fortalezas y debilidades. Miedos. Tragedias. Rabia. Todo aquello que hayas sentido. Conocerte a ti mismo es poder abrir la puerta de acceso para conocer al otro. Si andas a ciegas ante tu propio conocimiento, andas a ciegas en el contacto con los demás. Contactas con el otro en la medida en la cual eres capaz de contactar contigo y reconocer al otro tanto como te hayas reconocido a ti mismo. En algún momento, el punto ciego de la conciencia es observar en el otro aquello que no quieres ver en ti mismo y no siempre vez en el otro lo malo, también podemos tener alienado en nuestra conciencia lo bueno, solo para no responsabilizarte de tus propios talentos. Los talentos, tanto como los defectos propios, son susceptibles de ser vistos en otros para no reconocerlos en nosotros.

Conocerte implica reducir la ignorancia, actualizar la experiencia de la vida. Conocerte es un proceso autoactualizante que se dinamiza a sí mismo en el tiempo mientras mantengas el hábito de autoconocerte. Recuerda que un río no siempre es el mismo y que uno no siempre se baña en el mismo río aunque parezca igual, Heráclito Dixit. El autoconocimiento como decisión es un proceso continuo que dura cuanto dura la existencia. Conocerte a ti mismo en un momento determinado implica conocerte parcialmente porque en tanto y en cuanto eres ser existente, en ese sentido te haces extraño y te puedes hacer conocido para ti mismo. Conocerte por lo que fuiste e intentar vivir el mundo actual que te rodea desde el conocimiento de allá y entonces, implica vivir la realidad de manera distorsionada, desde la huella del pasado que está escrita en tu mente. Afortunadamente esa huella no es necesariamente un petroglifo aunque en momentos se comporte como una especie de petroglifo psíquico.

El conocimiento de uno mismo es como la vida. Aquí y ahora. En cada momento. No existe definitivamente el pasado y aún menos el futuro. Simplemente el presente continuo y perenne, vivido como el pasado. Evaluado con las lentes de lo que se ha vivido. Para bien y/o para mal, la posibilidad de recibir el momento presente desde el presente o desde el pasado, es una decisión propia que tiene mucho que ver con la responsabilidad.

Autor: Daniel Rojas Salzano

 

 

 

 

Me permito creer

Alexander es un amigo. Hombre trabajador que ha logrado cambiar su vida, su origen dista mucho de lo que actualmente es y sin embargo conserva lo prístino de sus inicios. Es un hombre luchador y resiliente. Hace días perdió su teléfono móvil. Gracias a la tecnología comenzó a rastrear el aparato y detectó dónde estaba. Decidió que intentaría dar con la persona que lo tenía. Al final logró contactarlo. En la conversación se citaron en un lugar público, seguramente por resguardar su integridad. Cuando se encuentra con quien tenía su móvil se da cuenta que era un hombre joven. Este hombre joven le devuelve el teléfono. Él había decidido darle una recompensa. Este chico no aceptó la recompensa, le dijo: “Le devuelvo el móvil porque creo que es lo correcto”. Sólo le invitó un café para tener la oportunidad de conversar. Esta historia y un poema que escribí hace tiempo le dan el sentido a esto que escribo a continuación. El poema está al final de todo.

Me permito creer. Viendo todo lo que está sucediendo, me permito creer. Es posible que hoy en día, creer sea un lujo y más si me permito creer en la posibilidad de que las cosas cambiarán para mejor. Soy consciente, total y completamente, que las cosas están bastante arruinadas. Sin embargo, me permito creer. Me lo repito como un mantra “Yo Creo”. Tanto el “Yo Creo” como el “Gracias”  los repito con bastante frecuencia. Quizá para convencerme de algo que no me tiene tan convencido, quizá porque efectivamente creo.

Miro a mi alrededor y veo tristeza, pena, dolor, odio, rencor, escasez, miedo, intolerancia y necesidad de revancha. Todo eso puede conducir rápidamente a pensar que todo está perdido y que no se podrá hacer nada para salvar lo que queda. Contrario a esto, creo que no todo está perdido. Hay cosas perdidas y también cosas que se van recomponiendo. Existe gente que frente a la desidia son más laboriosos. Frente al desánimo, alegría. Ante la catástrofe, tranquilidad. Frente a la violencia, paz. Gente que frente a tanta destrucción continúan construyendo. Personas que ante la crisis de valores, formación y educación, siguen aportando valores, formando y educando.

Estoy rodeado de personas cercanas y no tan cercanas. Algunas con mucho tiempo conociéndolas, otras recién conociéndoles. Veo sus caras, su motivación  y creo que sigue habiendo potencial para salir del abismo oscuro dentro del cual nos encontramos inmersos. Muchas personas buenas, excelentes, se han ido a otros países. Ellos están en nuestros corazones, los bendigo. Dicen que este país se ha descapitalizado intelectualmente. Es verdad que ha habido mucha fuga de cerebros. Quizá algunos se hayan fugado, otros estarán reciclándose, oxigenándose para que llegado el momento, puedan aportar apoyo. También hay gente maravillosa en esta tierra atribulada. Cerebros grandes y jugosos. Espíritus fuertes.

Me permito creer. Me permito, antes que nada, creer en mí. Si no creo en mí, posiblemente no crea en los demás. Me permito creer en quienes están a mí alrededor. En mi familia. En mis amigos. En mis compañeros de estudio y de trabajo. Me permito creer en personas que no conozco directamente y sin embargo, se encuentran en este momento haciendo cosas grandes para que sucedan cosas buenas.

Me permito creer porque mi esposa y yo hemos decidido emprender. Me permito creer porque tengo familiares y amigos trabajando con esfuerzo a pesar de todo. Porque estoy en una empresa que lucha. Me permito creer por gente como Marius, Trabajo y Persona y las emprendedoras del chocolate. Por las ranas que hacen bolsos y por la gente que en hacen de un nido, algo creativo. Por los diseños ventilados que se van abriendo puertas tímidamente y con paso firme. Por los traficantes de libros, traficando armas de instrucción masiva. Por la Fe en que podemos tener mejores ciudadanos y la Alegría de educar cada día, a pesar del hambre y las adversidades. Me permito creer por la mística del Dr. Feo, de Eglantina, Alejandra, Carolina, Dulce y sus otros compañeros y sus alumnos.

Me permito creer por la mirada limpia y pura de mis padres que así me lo enseñan y porque a pesar de todo lo malo nunca pierden la fe y cada día elevan oraciones. Me permito creer porque las cárceles donde están los presos de conciencia estén forjando mejores espíritus, esos que en este momento están haciendo el viaje de Dante. Me permito creer porque existen muchas Lilians, Bonis, Marías y Juanas que día tras día, a pesar del sol, la violencia, el calor, el abuso, se mantienen luchando. Estos son unos poquísimos ejemplos de muchísimos ejemplos de muchísimas personas haciendo cosas buenas para que todo sea mejor, para salir del abismo. Ellos me permiten creer. Me permito creer porque así como esos pocos ejemplos, estoy seguro que existe muchísima gente más (En una próxima publicación expondré más ejemplos).

Estoy hablando específicamente de la situación de mi país, de Venezuela. Si usted que me está leyendo está en otro país, le invito a ver a su alrededor. Estoy seguro que también se encuentra rodeado de gente buena y capaz. Si no conoce el caso de Venezuela, le invito a conocerlo. Tenemos rones de clase mundial. Busque cualquiera de estos, sírvalo en un vaso con hielo y cola o puro y simple. Le invito a leer sobre esta situación de crisis humanitaria y sobre las muchas personas grandes haciendo cosas en silencio, con una cierta discreción y que están sumando. Recuerde que una bomba hace más ruido que una caricia pero que por cada explosivo que estalla existen un millón de caricias que revalidan el amor.

Como dice una buena amiga muy querida, el cambio ya inició. Quizá el cambio no es tan colorido, rotundo y sonoro como quisiéramos. Por un momento imagínate que tienes cerca de unos cinco años. Te acuestas y al día siguiente tienes veinte años más encima. Menuda sorpresa. Ser un simple niño de pocos años y al día siguiente estás ya tan cambiado. Lo que quiero significar es que los cambios no son tan drásticos como quisiéramos.El cambio tiene tiempo germinando. Ningún árbol es lo que es sin haber sido una semilla.  Nunca ningún proceso es tan acelerado. Todo son procesos y lo más importante es lo que aprendemos. La lección que estamos teniendo es inmensa e inconmesurable. Los esfuerzos que debemos hacer para tener una tierra decente, vivible y pacífica son colosos, no obstante, son posibles. El cambio será posible con grandísimos esfuerzos. Si crees que el cambio será fácil, estás perdiendo tu tiempo y morirás desesperanzado. Te invito a creer en el cambio, en los esfuerzos monumentales que tendremos que hacer. No es gratis. No es fácil. Aún así, te invito a creer en el cambio.

Es por ello que me permito creer. Punto. En los momentos cuando me provoca salir corriendo, cuando pienso “no seré yo el que tenga que irse de último y apagar la luz”, incluso cuando atravieso por momentos personales de duda, me permito creer. Comienzo por agradecer. El agradecimiento es el vehículo de la fe. Cuando soy agradecido puedo observar cosas que antes no eran visibles para mí. Me permito creer y agradecer porque estoy seguro que las cosas serán mejores. Me niego a creer que tanto dolor sea decisión de una mayoría. Me niego a creer que esta realidad retorcida sea lo que nos merecemos y me niego a resignarme. Me niego a desesperanzarme. Me permito creer.

Creer es mi decisión. Creo. Yo creo que es posible un cambio porque creo que el cambio comienza en mí mismo y he podido obrar cambios en mi propio ser. Me permito creer porque cuando veo a tus ojos me siento con esperanza. Me permito creer porque estoy convencido que la humanidad tiende hacia el bien y que en este país existe mucha humanidad. Me permito creer porque mi país es un sitio con un gran potencial. Porque existe gente con un gran potencial. Me permito creer porque quiero luchar. Me permito creer en este momento, aquí y ahora.

Alexander mi amigo el gerente, también se permite creer, por él, por su esposa y sus hijos. Te invito a creer, en ti, en lo que haces, en el cambio.

“Me permito creer” – Poema

Me permito creer,
sé que parece un lujo hoy en día
eso de creer,
en un sueño,
en un Dios,
o no creer en ninguno,
pero yo me permito creer,
me permito creer en un cambio
si creo en mí mismo,
creer,
en la paz, en la construcción,
en el ideal y en lo real,
me permito creer en la gente,
confiar,
hacer amigos,
hacer el amor,
me permito creer y para creer
quiero creer en
en ti,
en mi,
me permito y para eso
me sentaré a escuchar,
observar
con todos mis sentidos,
creer en la posibilidad de un cambio,
que los molinos de la libertad giren
con la fuerza de los vientos del cambio,
que los criminales dejen de vestirse
como ovejas
y que las ovejas se defiendan
aunque el pastor no parezca presente,
me permito creer en el presente,
en tus ojos,
en las marcas del tiempo a su alrededor,
me permito creer
en la paz,
en tu cuerpo y en tu alma.

Autor del texto y del poema: Daniel Rojas Salzano

 

Vida impredecible

La vida puede ser bastante impredecible. En realidad, la vida es total y absolutamente impredecible. Es imposible saber con certeza lo que puede suceder. Resulta hermosamente alentador no saber lo que va a pasar, sobre todo cuando vives en el futuro con una frecuencia importante y además tienes la necesidad de controlarlo todo o casi todo porque por mucho que no quieras admitirlo, odias las sorpresas y sobre todo si esas sorpresas comportan desplazamientos importantes fuera de tu zona de lo conocido, si implica poner el pie fuera de la isla de tu existencia habitual y cotidiana.

Frente a la realidad, convulsa, alocada, espontánea, desenvuelta, caótica, liada, anárquica, la vida es imprevisible. Es posible decir que sabes lo que sucederá en los minutos por venir pero no, nada más alejado de la realidad, porque la vida es un continuo totalmente lleno de imprevistos. Anda y convéncete, la vida es así. Una vida previsible no existe. Una vida sin problemas, no existe. Una vida sin imprevistos y sin problemas es más como una no-existencia.

Cada paso en tu vida es un “no sabes qué va a pasar”.  Cada decisión que tomes en tu vida puede conducirte por parajes insospechados aún cuando las decisiones comporten un propósito y una intención de lograr determinadas metas. La vida no puede ser presagiada en su totalidad. La existencia futura no es posible vaticinarla, sólo puedes dar cuenta de tu existencia presente. Lo único que puedes es hacerte responsable de tus propias decisiones independientemente de los resultados  que obtengas, sean estos esperados o no. Es por ello que es mejor decir “de esta agua no bebo ahora” a decir “de esta agua no beberé”. Luego si te toca beberla es posible que tenga un sabor amargo.

En cuanto a la responsabilidad por tus propios actos hago un inciso. Aún cuando se dificulta poder tener algún tipo de certeza sobre el futuro y no conozcas cabalmente los resultados de tus actos, es necesario hacerte responsable de tus propias decisiones y determinaciones. Es lo único que te diferenciará entre poder tener algún tipo de control sobre tu existencia a ser una hoja al viento que se dirige hacia donde los avatares de la climatología vital lo decidan. La responsabilidad es lo único que te diferencia como ser existente y completo, con libre albedrío, porque lo quieras o no y muy a pesar del azar, estás condenado a la libertad y la libertad conlleva una inmensa responsabilidad.

Volviendo al cauce quisiera continuar con que negar la impredecibilidad de la vida es absurdo y obstinado. Puedes tener algún grado de certeza, creer que posiblemente puedes llegar a hacer algo, incluso prepararte para eso que es posible que suceda, ocurra en el futuro. En realidad, la cruda y cruel realidad es que te preparas con base en suposiciones. La certeza, la única posible, es que nunca sabrás lo que en realidad puede suceder. Lograr concebir la vida de esa forma implica que el apego es mínimo y que sin apego cesa el sufrimiento. Se dice fácil. Vivirlo es diferente. Puede costar mucho dolor comprender esa lección. Que esa verdad consiga permear hasta el punto más neural de tu existencia toma mucho tiempo y trabajo personal. Aún no permea del todo en mi propia existencia, empero, no dudo en decírmelo. Algún día seré capaz de metabolizarlo.

En este sentido, no saber lo que puede suceder podría ser tan catastrófico como maravilloso. Puede ser catastrófico porque simplemente tus planes pueden irse por el caño sin que puedas hacer nada para remediarlo. Puedes gastarte una suma de dinero y no aprovecharla. Tener las estadísticas más confiables y aún así la vida darte la vuelta sin que esperes lo que suceda. También puede suceder que te ocurran los hechos más hermosos y fantásticos de tu vida. Es posible que en ese no saber lo que pueda suceder te libres de hechos que al final no querías en realidad vivir. Quién sabe, nunca lo sabrás del todo.

Entre lo maravilloso que puedes hacer por ti mismo es elaborar planes y que estos con un cierto grado de suerte, se cumplan. Hacer proyectos forma parte de una organización sobre lo impredecible. Tener bocetos. El camino de la vida discurre de esa forma. Moverte a partir de una idea con la posibilidad de encontrarte con lo inesperado. Contando con lo predecible y lo impredecible estas “listo”, porque hay algo que es cierto, nunca estás ni estarás del todo listo, preparado, anticipado a lo que pueda suceder y eso es parte de lo maravilloso.

Vivir para sorprenderte, para maravillarte, encontrarte con lo inesperado y solazarte en todo aquello que no eres capaz de controlar. Mientras estás leyendo esto piensa en cada una de las cosas que te han ocurrido en tu vida y que no tenías la menor idea de que posiblemente sucederían. Mira el último año de tu vida y hay tantas cosas que nunca pensaste que vivirías, lo cual verdaderamente, no me sorprende si te impresiona. Cuando mires hacia atrás y veas tu propio camino recorrido, la velocidad con que percibas que ha pasado tu propio tiempo, seguro te sorprenderá, algunas veces gratamente, otras tristemente, por todo lo que te ha ocurrido, sin embargo, bien o mal, agradece lo que te ha sucedido. Agradece tanto por lo que te hace feliz como por lo que resientes.

Intentar controlar el futuro, es apego. Intentar controlar el futuro es fútil, estéril e improductivo. La vida es impredecible. La muerte, es segura y definitiva. La vida, disfrútala y hónrala mientras la tienes. Dignifícala. Esta vida, es la única que tienes. Este momento, es el único que tienes. Y recuerda, la vida es hermosa y maravillosamente impredecible.

Autor: Daniel Rojas Salzano

 

El camino de la felicidad

La felicidad es un camino. La felicidad es como la tierra y la agricultura. La felicidad es un camino que cuando lo transitamos  nos podemos encontrar momento difíciles que cuestionan nuestro transitar por este camino, sin embargo, superado el embate somos capaces de reconducirnos por el camino de la alegría y en la medida en que nos contactamos más con nosotros mismos, somo más conscientes de nuestra propia existencia, es más difícil apartarnos. Bajo tales circunstancias, resulta más fácil encontrar el sentido cuando lo perdemos. La felicidad es como la tierra que permanece y como la agricultura que da frutos. Algunas veces, como la tierra y la agricultura, la felicidad se contamina o rinde pocos frutos, sin embargo, nunca desaparece.

La felicidad sigo asintiendo, es un camino que diariamente nos presenta pruebas ya que cada día trae su afán, cada día suceden eventos que nos pueden hacer tambalear. Cualquier desgracia o tontería que nos quieran comunicar puede hacer que perdamos la felicidad, cualquier cosa nociva que nos quieran presentar como maravilloso y que deseen que aceptemos, se buscará la forma de hacer que lo aceptemos. En ese momento, nuestra alegría es puesta a prueba porque no se trata de vivir una alegría superflua y desconectada del mundo, una alegría egoísta y mezquina. Al final, esa alegría es hueca y carente de sustancia.

Yo mismo, al escribir esto, me doy cuenta que muchas veces a consecuencia de una diversidad de razones me voy  alejando de mi propio ser y mi felicidad, sin embargo, cuando logro hacer cosas que me acercan a mi verdadera naturaleza, por alguna razón experimento una sensación de mayor integridad, de mayor gratificación hacia la vida y plenitud conmigo mismo aunque esa actividad que haga sea una hora de psicoterapia que me haga ponerme frente a frente con asuntos que no me gustan de mí. Cualquier cosa que haga para caminar la senda del autoconocimiento o la amplificación de la conciencia sobre mí, siempre es ganancia. Algunas veces los pasos para vivir con mayor conciencia son numerosos y direccionados, algunas veces estos pueden ser pasos cortos y un poco extraviados.

Pasan los días y de acuerdo a cómo se van presentando las cosas en mi propia vida voy teniendo mis altos y mis bajos. En ocasiones me siento muy bien pero en otros momentos me puedo sentir completamente desesperanzado y me pregunto qué debo hacer. Es en estos momentos cuando trato de insistir aún más en moverme hacia la positividad, hacia la felicidad, abrir los ojos y seguir viviendo, dar de alguna manera un salto al vacío, eso que llamo en ocasiones los saltos de fe. Abrir los ojos (como un decir de abrir los sentidos) porque la vida merece ser vivida con los sentidos abiertos, porque la vida entra al alma a través del cuerpo.

Resumo un poco. Generalmente me siento bien, con alegría, pero no puedo evitar en otras ocasiones tener mis momentos de desencanto y desesperación, tristeza, miedo o rabia. Cuando tengo estos momentos trato de sentirme agradecido por aquello que tengo, sentirme bien conmigo mismo y enfocar mi pensamiento hacia lo positivo. ¿Cómo hacerlo? No lo sé realmente, existen muchas maneras, cada persona debe encontrar esa forma de hacerlo. Puede ser meditación, oración, psicoterapia, deportes, trabajo social, cualquier actividad artística, etc. Existen múltiples maneras. Cada quien sabe de alguna manera aquello que potencialmente le hace feliz y aquello que potencialmente le hace infeliz.

En mi caso escribir sobre la felicidad, escribir sobre el encontrar alguna manera de buscarla, escribir lo que he escrito hasta ahora me hace feliz. Salir al mundo, salir a la calle y ver que existe mucha gente haciendo múltiples cosas por hacer del planeta un lugar mejor me hace feliz. Cuando veo los cambios que se están sucediendo en el planeta y cómo muchas personas se están implicando y comprometiendo con el cambio, eso me da una gran sensación, tanto de alivio como de alegría. Observar mis compañeros de trabajo y de estudio, mi familia, mi esposa, me genera felicidad. Observarlos cómo se esfuerzan por ser mejores individuos y por mejorar lo que hay alrededor de sí mismos me inspira.

Todo lo dicho anteriormente no significa que me encuentro en negación para ver las cosas terribles que están sucediendo, pero me da la idea que a pesar de las cosas malas que continuamente suceden y que existen personas haciendo cosas negativas, existen muchísimas personas haciendo cantidades considerables de cosas buenas. Como decía el fallecido trovador y poeta Facundo Cabral: “Por cada bomba que explota hay un millón de caricias”. Una bomba deja una mayor impresión en nuestra memoria. Los daños que pueda ocasionar mucho más. Un millón de caricias, de besos, son silenciosos y sus posibilidades infinitas.

No necesitamos catástrofes para expresar nuestra bondad. Necesitamos cada día para contagiar algo de alegría. No es necesario que sucedan cosas que nos estremezcan para comenzar a buscar un sentido positivo a nuestras existencias. Nuestras existencias y ser responsables de ellas son suficientes para darles un sentido. Existe suficiente desgracia y también existen muchas personas y muchos seres de los cuales se desprende la gracia con la cual sostenernos y encontrar razones para sentirnos felices en la vida. Razones para comprometernos a hacer del mundo un lugar mejor.

Autor: Daniel Rojas Salzano

 

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