La esquiva felicidad o sobre por qué la felicidad es tan sencilla que nos complicamos.

Para ser feliz se requiere compromiso con uno mismo. Para ser feliz se solicita ser fuerte. Es deseable tener flexibilidad y confianza en la vida. Es imprescindible el agradecimiento. Ser feliz demanda un compromiso con la vida y su manera de manifestarse. Los felices son más fuertes que aquellos que se empeñan en odiar. Ser feliz implica hacer un esfuerzo por reconocer aquello que es bueno frente a tanta maldad que hay en el mundo sin ignorarla, colocándole límites, sin permitir que pueda traspasar nuestras fronteras personales (en lo posible). Quien es feliz encuentra razones para amar y agradecer la vida sin dar la espalda al sufrimiento de sus congéneres.

Ser feliz requiere un gran compromiso, responsabilidad y conciencia de la propia existencia. En la medida en la cual vas soltando aquello que te conecta al odio, te haces libre y te haces feliz. Ser feliz requiere responsabilizarse de uno mismo, porque mientras te haces consciente y te apropias de tu vida, es más difícil sentir infelicidad. Mientras te aferras, más te enganchas a la infelicidad. Parafraseando: “Felices los pobres de corazón, porque de ellos será el reino de los cielos”. Sin querer entrar en religión, me gusta esta frase porque implica tener un corazón descargado, un corazón limpio, conectado con el cuerpo, con la razón. El reino de los cielos simboliza la felicidad. Un estado de mayor satisfacción. La felicidad.

Cuando te tropiezas con la felicidad es posible sentir un poco de vértigo. No se trata de dejar de sentir rabia, miedo, tristeza o dolor. De hecho, dejar de sentir cualquiera de estas emociones es como morirse, porque vienen con nosotros por defecto. En la medida en que te permites sentir tus propias emociones, eres más feliz porque a cada momento puedes escoger actualizarte y puedes decidir sentir. Decidir sentir implica responsabilidad, no hay manera de poner en otra persona la causa de lo que sientes y por ende, eres más dueño de ti mismo. La felicidad es un estado sutil. Es una manera de vivir.

Felicidad. Palabra esquiva. Vivir con felicidad quizá  sea lo menos parecido a vivir en un estado continuo y perenne de éxtasis. Lo que pienso en este momento, es que tal cosa no sea más que una ficción. Para ser feliz es necesario, definitivamente, poder ser capaz de sentir la necesidad de contactar con todas las emociones que tenemos por defecto, esas que nos acompañan desde tiempos inmemoriables, desde que el primer ser humano, transitaba por África, muchos años atrás.

La felicidad y el placer van de la mano y no existe nada más sencillo que la felicidad derivada de los placeres que son directamente relacionados con el cuerpo. Función sexual, comida, defecación, sueño, respiración. Poder respirar. La vida misma, en su estado más puro, es felicidad. ¿Eres consciente de tu respiración en este momento?

Puedo sentir felicidad cuando estoy haciendo esto de escribir, algunas veces se me da bien. Otras veces se me da mal. En rarísimas ocasiones excelente. Escribiendo manifiesto mi propia felicidad. Le comentaba a un familiar que muchas veces cuando escribo no escribo para dar lecciones a quien lee, sino para decirme cosas que necesito a mí mismo. Quizá en este momento necesito mirar más hacia mi propia felicidad. Quizá esta sea la peor disertación que alguna vez leerás sobre la felicidad, sin embargo, no pretende ser un tratado sobre la felicidad o sus mecanismos, sobre cómo alcanzarla. Son algunas notas azarosas sobre lo que puede implicar ser feliz.

Por otra parte, algunas veces ni siquiera nos sentimos merecedores de la felicidad, creemos que el asunto es mucho más complicado de lo que en realidad es. Me atrevo a decir, aunque no sea yo mismo el mejor ejemplo, que la felicidad debe ser tan sencilla que nos complicamos para evitar sentirla. La felicidad debe ser tan sencilla como estar atento a la vida.

¿Soy feliz? Estoy en eso. En momentos me siento feliz y esperanzado. Otras veces desesperanzado. En  momentos me doy permiso para sentir rabia y a veces hasta grito. En momentos siento tristeza y hasta me conmuevo. Algunas cosas me hacen sentir miedo. Trato de no quedarme enganchado en nada de eso. Las siento, las dejo pasar. Las observo, las dejo pasar.

La única receta que te puedo dar para encaminarte hacia la felicidad es que aceptes tu cuerpo, tal como es y como funciona. Disfruta de tus funciones corporales. Acepta tus emociones. Aceptar tus emociones (rabia, miedo, tristeza, dolor, alegría) es un medio eficaz de sentir salud y alegría. No es posible sentir felicidad si te comes tu rabia. Tu cuerpo se indigestará. Resulta complicado sentir felicidad si no aceptas la tristeza que estás sintiendo por un duelo, una despedida, una pérdida. Tu cuerpo buscará llorar esa tristeza. El miedo, déjalo estar. Para algo existe el miedo. Algo necesitas de cada emoción.

El individuo que pone el pecho a sus emociones descarga de encima el peso de un mundo entero porque cuando mira de frente sus emociones, se siente vivo, respira. Puede sentir felicidad. La felicidad es tan sencilla como agradecer, respirar y estar presente. La felicidad puede ser tan sencilla como pelar una mandarina.

Autor: Daniel Rojas Salzano.

 

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