La mejor almohada es una conciencia tranquila

Dormir bien no tiene precio. Es un placer que muchas veces no se logra disfrutar porque es en las horas en la cama, cuando todo se pone en silencio, que se escuchan los pensamientos propios y se hace una re-valuación de las experiencias del día, de días previos o algún período de la vida. Cuando en estos exámenes nos reprobamos a nosotros mismos, con razón o sin razón, en algunos casos con demasiada dureza, la  conciencia se activa y el tan anhelado sueño parece un ente inalcanzable e imposible. En otras ocasiones no se trata de terminar reprobado, pero de pensar y pensar acerca de una situación determinada se es incapaz de conciliar el sueño.

En estos momentos las personas suelen rumiar los pensamientos en la cabeza, los problemas parecen hacerse más grandes y continuamente los pensamientos dan vueltas en la cabeza sin dar en el centro de una solución satisfactoria. En lugar de estar pensando o centrarse  en el problema, es necesario poner de lado la situación  y enfocarse en las diversas soluciones posibles a ese problema, por más imposibles que éstas puedan parecer en un primer momento. Esta última frase parece muy fácil leerla y anunciarla, sin embargo poner en práctica lo que la misma expresa es harto difícil.

Dice un refrán alemán “la mejor almohada es una conciencia tranquila”. Cuando nos encontramos con la conciencia tranquila, bien sea porque no nos hemos reprobado, bien sea porque no estamos rumiando pensamientos, el sueño parece llegar fácil, ligero y se mantiene durante la noche entera sin ningún problema.

En estas ocasiones cuando el sueño parece abandonarnos por motivo de tener una conciencia intranquila, lo peor que podemos hacer es quedarnos en la cama rumiando los pensamientos y atormentándonos, al final, si vamos a estar despiertos es mejor hacerlo en el lugar adecuado y sentarnos en algún sitio a escribir las estrategias necesarias para lograr algún resultado posible, sin embargo, esto podría no aplicar para todas las situaciones que nos podrían mantener desvelados e incapaces de conciliar el sueño. Las razones para perder el sueño son muchas.

Hubo una época en la cual dormía muy mal y me despertaba en las noches con mucha intranquilidad, como consecuencia de las actividades que debía hacer el día siguiente, o por exigencias del trabajo. En ese momento lo que me salvó y me mantuvo cuerdo, así como ayudarme a disminuir los niveles de irritabilidad fueron cuatro cosas bien importantes y necesarias.

La primera cosa que me ayudó fue comenzar a meditar. De alguna manera, la mente es susceptible de recibir entrenamiento. El entrenamiento para la mente se puede lograr a partir de la meditación. La meditación nos ayuda a mantener nuestro pensamiento enfocado en el aquí y en el ahora, así como también nos permite contactar con nosotros mismos, con la parte más profunda de nuestro ser liberado de ansiedad y/o culpa. La meditación ayuda a nuestra mente a salir del foco puesto sobre diversas distorsiones de pensamiento (distorsiones cognitivas) que permiten sembrar en nosotros emociones corrosivas.

La segunda cosa que me ayudó para lograr mantener un mejor sueño fue mantener una cierta rutina de ejercicio. Quienes me conocen saben que nunca he sido la persona más entusiasta en cuanto a la actividad física, sin embargo, tener una cierta frecuencia de actividad física, rutina de ejercicio, sin pretender ser un atleta de alto impacto, es necesario para nuestra salud mental. La separación mente cuerpo es una concepción bastante vieja y arraigada en nuestro ideario, sin embargo, completamente artificial ya que tanto el uno como el otro son un todo unificado, amén de los beneficios a nivel de sistema cognitivo y emocional que la actividad física genera sobre las personas, lo cual ha sido comprobado científicamente.

La tercera cosa que me ha ayudó a conciliar el sueño y no mantenerme despierto, fue el hecho de  entablar un verdadero diálogo conmigo mismo. Lo primero que me decía continuamente era ¿Qué logras estando desvelado toda la noche? ¿Realmente crees que vas a resolver tu situación estado despierto, acostado en tu cama? ¿Lo que necesitas resolver lo podrás resolver a esta hora de la madrugada? Estas eran algunas de las preguntas que me hacía a mí mismo en esas horas de la noche cuando no podía dormir. Es cierto, estas preguntas por sí mismas no resolvieron mis problemas, pero me ayudaron en el proceso de encontrar un enfoque distinto a esas situaciones que me mantenían despierto y no me permitían dormir.

La cuarta y última cosa que hice fue retomar el proceso de psicoterapia. Es cierto que tenemos mucho tabú en relación a hacer psicoterapia, sin embargo, no se está loco por el hecho de buscar ayuda profesional y acompañamiento para trabajar el proceso que sea y como estrategia de auto-conocimiento. No siempre necesitamos los consejos (bien intencionados o no) de las personas que tenemos cerca. En muchos casos podemos requerir ayuda de personas profesionales que nos permitan encontrar en nosotros mismos los recursos necesarios para afrontar nuestros problemas, para conocernos, para aceptarnos. En muchos casos, los profesionales nos ayudan a ver aquello que se nos hace imposible inicialmente. Abrir los ojos en ocasiones puede resultar doloroso. Al final, gratificante.

Esas cuatro estrategias o herramientas o como usted le quiera llamar, me ayudaron a conciliar el sueño sin necesidad de tomar medicamentos, afortunadamente no llegué al punto de necesitarlos. En algunos casos son necesarios, pero no son la solución definitiva y no son la mejor opción a largo plazo.

Si usted se ha sentido reflejado de alguna manera con lo anteriormente comentado le sugiero que intente aplicando alguna de estas cosas. Estoy seguro que si le cuesta conciliar el sueño o se despierta ansioso por la noche como consecuencia de situaciones determinadas en su vida, el sueño debe parecer un tesoro muy anhelado y es tan necesario como comer, como beber agua, como respirar. El sueño es necesario y con el tiempo la falta de sueño genera un círculo vicioso que redunda en evaluar de forma bastante incorrecta esas situaciones que nos podrían estar atormentando.

Al final, no importa si usted tiene las mejores condiciones físicas para dormir o condiciones no tan apropiadas. No importa si cada noche se acuesta rodeado de lujos o no. Al final del día y para conciliar el sueño y descansar, la mejor almohada, es una conciencia tranquila.

Autor: Daniel Rojas Salzano

 

 

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Somos nuestra experiencia

Somos nuestra experiencia, somos lo que hemos vivido y somos lo que son nuestros padres y nuestra sociedad.

Sobre estos principios y tomando en cuenta aquello que nos precede es lo que actualmente somos. Si miramos nuestra propia vida es posible que seamos capaces de observar cuanto de los demás tenemos en nosotros mismos y no es que con tal afirmación le estoy dando una patada a la mesa de la individualidad y echando por tierra tantas frases bonitas y encapsuladas de que somos seres únicos e irrepetibles.

Efectivamente creo que somos seres bastante únicos y que somos, de persona a persona, individuos bien diferenciados, con características que nos hacen diversos. La forma como analizamos (cuando lo hacemos) lo vivido y la manera como expresamos aquello que obtenemos de herencia familiar y social, son los elementos que nos hacen únicos, son los elementos que nos permitirán de alguna manera otorgarle sentido a todo lo que ocurre en nuestro mundo interno y a las cosas que nos rodean.

Es verdad que somos diferentes pero de alguna manera no lo somos tanto. Este es el momento en el que usted me dirá que me aclare y finalmente tome posición por una postura individualista o colectivista, pero ni lo uno ni lo otro. Somos tanto individuos como parte de una gran masa indiferenciada (e indiferente en ocasiones). Cuando observamos nuestra cultura y nuestra sociedad nos damos cuenta que tenemos muchas cosas en común con la sociedad en la que nos desenvolvemos, compartimos símbolos, compartimos vocablos, modismos, percepciones, valores, aspiraciones, angustias. Cuando nos damos cuenta que compartimos tantas cosas con toda nuestra sociedad, lo cual incluye a quienes conocemos tanto como a quienes desconocemos, somos capaces de darnos cuenta que no somos tan diferentes como creíamos ser, no somos tan especiales como lo pensábamos en un principio.

Pero no se preocupe, que esto no le quite el sueño. Así como compartimos tantas cosas con tantas personas de la sociedad, también compartimos muchas cosas con nuestras familias, con nuestro padre y/o nuestra madre, en caso de que haya tenido a uno de los dos o a los dos, que mire que no todo el mundo tiene la suerte de tenerlos a los dos y se han visto casos de personas que desearían tener a una sola de estas figuras porque los dos pueden resultar agobiantes, pero esto ya es tema para otra publicación. En fin, volviendo a lo nuestro, podríamos tener muchas cosas en común con nuestros padres y no darnos cuenta, incluso, negar o renegar de ciertas características que nos molesten en nuestros padres porque nos resultan odiosas, pero al final del día estamos nosotros repitiendo el mismo patrón de conducta de una forma u otra.

Ahora bien, le digo que aquello que a usted y a mi nos hace seres únicos e irrepetibles es quizá la manera como toda esa cartera de variables y características que obtenemos a partir del primer contacto con nuestro círculo íntimo de relaciones y luego con quienes nos vamos tropezando en el camino, se configuran, se mezclan y luego de una forma u otra se expresan en nosotros. Exacto, la forma como todo eso, lo biológico, lo emocional, lo intelectual y lo social se configuran, se mezclan y se expresan en cada uno de nosotros. No se crea que le estoy diciendo algo demasiado original, pero es así.

Quizá en este momento se esté diciendo a usted mismo que eso de su padre, su mamá o sus hermanos (de nuevo, en caso de que los tenga) que a usted le molesta tanto usted no lo tiene, pero no se preocupe, no estoy hablando de características particulares sino de los mecanismos que rigen y ordenan su comportamiento, eso es lo que a usted le hace tan parecido a su familia o sociedad y la manera como lo expresa y en lo que se manifiesta es quizá lo que a usted le hace tan distinto.

Cuando digo que somos nuestra experiencia es porque todo lo vivido se cuela a través del filtro de todo eso que hemos heredado de nuestras familias, su biología y su modo de ser, de nuestra sociedad. Somos nuestra experiencia. En este momento que usted me está leyendo, es el resultado de la suma de todo aquello que ha vivido hasta el momento, ni más ni menos. Sin embargo, somos mucho más que la simple suma de todo lo que hemos vivido. Es que lo vivido y lo que hemos decidido experimentar en nuestras vidas es el resultado de ese bagaje que traemos, lo cual a su vez genera una serie de resultados y termina generando la persona que somos en este momento.

Somos nuestra experiencia porque simplemente es muy difícil (para bien o para mal) deslindarse de las experiencia que hemos tenido e intentar explicar el mundo que está frente a nosotros y dentro de nosotros desde una perspectiva diferente a la resultante como consecuencia de todas nuestras experiencias y nuestra carga genética y social.

Somos lo que somos. Punto. Somos nuestra experiencia. Punto. Somos lo que somos con nuestras luces y nuestras sombras, con nuestras fortalezas, con nuestras debilidades, con nuestras áreas de mejora, con amenazas y con oportunidades. Creo que el futuro y lo que seremos  será consecuencia directa de nuestras experiencias a partir de ahora. El futuro está en nuestras manos. No es lo que somos sino lo que hagamos con ello que determinará que nuestra vida sea más o menos satisfactoria para nosotros mismos. Aunque el futuro parezca sombrío, ante nosotros se erigen retos y se perfila la consecución de metas necesarias para nuestro progreso y la única forma de alcanzar la gloria será a partir del uso de eso que somos y hemos sido, de lo que tenemos y podamos seguir incorporando a nuestro propio ser.

Autor: Daniel Rojas Salzano

 

 

 

 

 

Observar el mundo que nos rodea

Observar el mundo que nos rodea. Es indispensable observar el mundo que nos rodea con detenimiento. Durante varios siglos la observación ha sido el método por excelencia a través del cual el ser humano a logrado (para bien o para mal) controlar el medio que le circunda, apropiarse de su realidad y ponerla a su servicio. La observación ha sido la fuente de conocimiento más importante que ha tenido la humanidad a través de los siglos. Esa observación puede ser del mundo externo o la observación de la vida interna del propio ser.

Cuando estamos frente a la vida con los ojos cerrados esta se empeña por abrirnos los ojos, al principio con mensajes amorosos, luego con chispas de luz y por último, si las estrategias anteriores no han dado resultado, la vida nos despierta a golpes, con sorpresas. Ir por la vida de espaldas a ella es imposible, en algún momento debemos verla directamente porque al fin y al cabo la vida nos envuelve, estamos dentro de ella y no podemos escapar a su influjo y lo que significa.

En estos momentos de conflicto que nos está tocando transitar es cuando más debemos andar en una actitud de observación ya que es a partir de estas situaciones cuando verdaderamente nos forjamos. Por alguna razón que desconozco, los seres humanos no solemos aprender las lecciones más importantes cuando estamos en calma o cuando la vida es simple o melosa. Es cuando la vida se hace más complicada y ruda, el momento cuando aún más aprendemos en nuestra existencia porque posiblemente estas situaciones exigen de nosotros desplegar una serie de recursos personales que nosotros mismos no teníamos idea que poseíamos.

Particularmente no creo en la tesis de que la vida o el mundo es, absolutamente, un valle de lágrimas. La vida es pasión y aburrimiento. Gozo y sufrimiento. Aprendizaje y desaprendizaje. Estancamiento y desarrollo. La vida es positivo y negativo. Nuestra existencia constantemente se desplaza entre los dos polos de un mismo continuo y lo más complicado quizá es encontrar el justo equilibrio.

Aún cuando no creo en esa tesis de que la vida es un valle de lágrimas, tampoco creo en la vida como un plácido campo donde todo está servido a nuestro antojo. Continuamente debemos luchar y esforzarnos por conseguir nuestras metas y objetivos. Es parte de existir. En esta búsqueda y proceso de observación  concurren generalmente problemas y situaciones desagradables, experiencias que nos ponen a prueba y nos hacen cuestionarnos a nosotros mismos acerca de qué somos, quiénes somos, para qué estamos donde estamos y hacia dónde queremos ir.

No siempre es posible tener todas las respuestas a nuestras interrogantes y sería triste tenerlas todas y encontrarnos en algún momento de nuestras vidas incapaces de formularnos nuevas preguntas, tener nuevos cuestionamientos y dudas, incapaces de tener curiosidad acerca de algo. La pregunta formulada a nosotros mismos acerca de lo que nos rodea o de nuestro ser interno equivale a una puerta  abierta que nos invita a explorar una habitación nueva y desconocida llena de sorpresas. Para encontrar las respuestas necesarias debemos atrevernos a cruzar el umbral que nos separa de esa habitación.

Las nuevas situaciones nos plantean escenarios y retos diferentes. Formas diversas para abordar los problemas. Quizá lo que ayer funcionó de forma adecuada, hoy no funciona de forma correcta. Es parte de la vida. Cuando entendemos que los problemas, las situaciones inesperadas y en ocasiones desagradables son inherentes al proceso de vida y que se repetirán a lo largo de nuestro ciclo vital, disminuimos en cierta medida la carga de sufrimiento.

La huida o la evitación no nos alejarán de los problemas o las situaciones. De hecho, la vida es un poco obstinada y siempre nos hará, de forma inevitable, confrontarnos con nuestros miedos, con nuestros temores, nos hará confrontar aquello de lo que queremos huir o evitar sea esto lo que sea. Es por eso que digo, abramos los ojos, observemos el mundo que nos rodea.

Es necesario que observemos el mundo. Andar por la vida con los ojos cerrados y negando cuanto sucede a nuestro alrededor implica andar a ciegas y vivir con un miedo que nos imposibilita. Implica no crecer y mantenernos en una conducta irresponsable. Cuando no confrontamos la vida y lo que ella trae hacemos dos cosas, o bien evitamos la situación y dejamos que nos pase por un lado, o bien, activamos la conducta de huida.

A cualquier edad siempre podrán haber lecciones importantes de vida y a la edad que tengamos continuaremos equivocándonos, teniendo retos y pruebas.  Continuemos observando. Intentemos responder las preguntas que nos persiguen e intentemos tener nuevas interrogantes. La vida está llena de pruebas y nunca será de otra forma, pensar lo contrario implica querer huir o evitar. La existencia es un espiral y en ocasiones debemos transitar varias veces los mismos lugares desde diversas perspectivas.

Cualquiera que sea nuestra situación de vida actual, no importa si es casado con hijos o sin hijos, con o sin trabajo, con salud o sin ella, etc., la vida siempre nos tiene preparadas pruebas para medir nuestro talante y forjarnos, hacernos más fuertes, más agradecidos, más sabios, más amorosos.

 

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