Vivir para uno mismo

¿Quieres agradarle a todo el mundo? ¿Quieres que todas las personas alrededor de ti te quieran y te busquen incesantemente? Entonces tienes que decir a todos un rotundo y maravilloso “SÍ”. Para que todos te quieran tienes que estar dispuesto, debes estar presente para todos, todo el tiempo, las personas no deben percibir, ni siquiera intuir que tienes una negativa atarugada en alguna parte de tu cuerpo.

Decir que “sí” todo el tiempo es una maravillosa y  poderosa clave para estar rodeado de personas que te quieran y te busquen, sin embargo, decir “NO” es liberador. ¿Cuántas veces te has enganchado en situaciones incómodas por evitar decir no? Intentar complacer a todo el mundo todo el tiempo no sólo es desgastante, también es una ardua tarea porque comienzas a vivir para otros pero no para ti mismo.

Cuantas veces nos decimos a nosotros mismos no, mientras que a los demás les damos un sí, quizá no rotundo, pero un sí que nos compromete. Decir “SÍ” es para seguir adelante, para ir hacia nuestras metas y directo a materializar nuestros sueños. Cuando te dices “NO” a ti mismo porque te niegas a la vida entonces puedes estar negándote a múltiples oportunidades de vida que simplemente no volverán, porque todo en la vida es único y no se repite. Lo que dejas de hacer, de decir, de disfrutar o de sentir no lo podrás recuperar, así como el tiempo también es imposible de recuperar. Puedes siempre vivir otras cosas mejores, iguales o peores, sin embargo, aquello a lo que te niegas no lo podrás recuperar y mientras te niegas cosas a ti mismo, vas consintiendo cosas para los demás y por ende, guardando rabia y resentimiento hacia ti, proyectado hacia los demás.

Con el “NO” podemos establecer límites. Es la forma en la cual nos conocemos más, conocer hasta dónde estás dispuesto a llegar y una forma en que las personas te conozcan verdaderamente. Nunca te llegarán a conocer verdaderamente si eres una persona que vive solo para decir “SÍ” pues aquello que está dentro de ti pulsando para hacer las cosas para sí mismo y no para los demás se mantiene escondida, el pequeño o gran rebelde que habita dentro de cada uno comienza a atacar desde adentro, a dar señales corporales de que no quieres hacer aquello para lo que dices que sí, sin embargo, el tirano, ese que se mueve dentro del “deber ser” te esclaviza para que seas correcto y bueno.

Aprender a decir “SÍ” y aprender a decir “NO” cuando verdaderamente quieres, tienes la necesidad, no cuando tienes que hacerlo es la mejor forma de ser cónsono con tu propia vida y de ser honesto con las personas que te rodean, por al fin y al cabo, aunque la honestidad puede ser un poco más costosa, al final, es más saludable que la insinceridad y el hacer para parecer correcto y adaptado. La sinceridad al final es más agradecida y te orienta más hacia la vida.

Decir “NO” cuando siento “NO” y decir “SÍ” cuando siento “SÍ”. Decir “SÍ” porque  es necesario para mirar la vida de frente. Ser positivo hacia la vida. Hacer que nuestro corazón y nuestro espíritu comulguen juntos, que nuestras acciones y nuestras palabras vayan directo hacia nuestro propio crecimiento como una saeta vuela directo hacia su objetivo.

Autor: Daniel Rojas Salzano

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