Hacia uno mismo

Postulaba Aristóteles: “Conócete a ti mismo”. Jean-Paul Sartre planteaba: “cada quien es responsable de su propia vida”. En la vida siempre es necesario obtener conocimiento y el mayor de estos se refiere al conocimiento que se puede obtener a través de la observación de tu propia condición humana. Puedes irte a vivir a una isla y sin embargo siempre te tendrás a ti mismo. Puedes escapar de las voces de las personas, pero tu propia voz interna siempre estará presente. Al final, tú eres tu propio objeto de conocimiento y eres lo único que tendrás a mano las veinticuatro horas del día.

Cada individuo podría decir que sin lugar a dudas se conoce a sí mismo e insistir en que conocerse sería un perogrullo. Conocerte es un proceso que requiere compromiso con tu propia existencia. Profundizar en ello comporta responsabilidad con tu propia vida. Sin responsabilidad no es posible que te conozcas porque no siempre verás cosas que te gusten. Comporta responsabilidad porque de nada sirve culpar a otros por lo que eres y has elegido. Conócete a ti mismo porque en la medida que te conozcas más a ti mismo, seguramente también estarás más centrado ti, más dueño de tu vida.  

Existen áreas de nuestras vidas que son oscuras para nosotros, áreas sobre las cuales no somos conscientes. El autoconocimiento proporciona la posibilidad de iluminar las zonas oscuras de nuestra existencia, las polaridades que no deseamos observar. El autoconocimiento proporciona la luz necesaria para resaltar la sombra que no queremos ver pero que con la luz la podemos observar más claramente. Evitar el autoconocimiento es como caminar a tientas por un cuarto oscuro sin reconocer nada, andar a ciegas, golpeándonos, solo viendo contornos poco definidos de nuestra propia existencia. Cuando encuentras las zonas oscuras, cuando las observas de frente, las reconoces y las aceptas, aumenta tu autoconocimiento. Aumenta la conciencia de ti mismo.

Conócete a ti mismo. Preocúpate por conocerte más a ti mismo que a quienes tienes a tu alrededor. De verdad, profundamente, conócete a ti mismo. Luces y sombras. Fortalezas y debilidades. Miedos. Tragedias. Rabia. Todo aquello que hayas sentido. Conocerte a ti mismo es poder abrir la puerta de acceso para conocer al otro. Si andas a ciegas ante tu propio conocimiento, andas a ciegas en el contacto con los demás. Contactas con el otro en la medida en la cual eres capaz de contactar contigo y reconocer al otro tanto como te hayas reconocido a ti mismo. En algún momento, el punto ciego de la conciencia es observar en el otro aquello que no quieres ver en ti mismo y no siempre vez en el otro lo malo, también podemos tener alienado en nuestra conciencia lo bueno, solo para no responsabilizarte de tus propios talentos. Los talentos, tanto como los defectos propios, son susceptibles de ser vistos en otros para no reconocerlos en nosotros.

Conocerte implica reducir la ignorancia, actualizar la experiencia de la vida. Conocerte es un proceso autoactualizante que se dinamiza a sí mismo en el tiempo mientras mantengas el hábito de autoconocerte. Recuerda que un río no siempre es el mismo y que uno no siempre se baña en el mismo río aunque parezca igual, Heráclito Dixit. El autoconocimiento como decisión es un proceso continuo que dura cuanto dura la existencia. Conocerte a ti mismo en un momento determinado implica conocerte parcialmente porque en tanto y en cuanto eres ser existente, en ese sentido te haces extraño y te puedes hacer conocido para ti mismo. Conocerte por lo que fuiste e intentar vivir el mundo actual que te rodea desde el conocimiento de allá y entonces, implica vivir la realidad de manera distorsionada, desde la huella del pasado que está escrita en tu mente. Afortunadamente esa huella no es necesariamente un petroglifo aunque en momentos se comporte como una especie de petroglifo psíquico.

El conocimiento de uno mismo es como la vida. Aquí y ahora. En cada momento. No existe definitivamente el pasado y aún menos el futuro. Simplemente el presente continuo y perenne, vivido como el pasado. Evaluado con las lentes de lo que se ha vivido. Para bien y/o para mal, la posibilidad de recibir el momento presente desde el presente o desde el pasado, es una decisión propia que tiene mucho que ver con la responsabilidad.

Autor: Daniel Rojas Salzano

 

 

 

 

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