Me permito creer

Alexander es un amigo. Hombre trabajador que ha logrado cambiar su vida, su origen dista mucho de lo que actualmente es y sin embargo conserva lo prístino de sus inicios. Es un hombre luchador y resiliente. Hace días perdió su teléfono móvil. Gracias a la tecnología comenzó a rastrear el aparato y detectó dónde estaba. Decidió que intentaría dar con la persona que lo tenía. Al final logró contactarlo. En la conversación se citaron en un lugar público, seguramente por resguardar su integridad. Cuando se encuentra con quien tenía su móvil se da cuenta que era un hombre joven. Este hombre joven le devuelve el teléfono. Él había decidido darle una recompensa. Este chico no aceptó la recompensa, le dijo: “Le devuelvo el móvil porque creo que es lo correcto”. Sólo le invitó un café para tener la oportunidad de conversar. Esta historia y un poema que escribí hace tiempo le dan el sentido a esto que escribo a continuación. El poema está al final de todo.

Me permito creer. Viendo todo lo que está sucediendo, me permito creer. Es posible que hoy en día, creer sea un lujo y más si me permito creer en la posibilidad de que las cosas cambiarán para mejor. Soy consciente, total y completamente, que las cosas están bastante arruinadas. Sin embargo, me permito creer. Me lo repito como un mantra “Yo Creo”. Tanto el “Yo Creo” como el “Gracias”  los repito con bastante frecuencia. Quizá para convencerme de algo que no me tiene tan convencido, quizá porque efectivamente creo.

Miro a mi alrededor y veo tristeza, pena, dolor, odio, rencor, escasez, miedo, intolerancia y necesidad de revancha. Todo eso puede conducir rápidamente a pensar que todo está perdido y que no se podrá hacer nada para salvar lo que queda. Contrario a esto, creo que no todo está perdido. Hay cosas perdidas y también cosas que se van recomponiendo. Existe gente que frente a la desidia son más laboriosos. Frente al desánimo, alegría. Ante la catástrofe, tranquilidad. Frente a la violencia, paz. Gente que frente a tanta destrucción continúan construyendo. Personas que ante la crisis de valores, formación y educación, siguen aportando valores, formando y educando.

Estoy rodeado de personas cercanas y no tan cercanas. Algunas con mucho tiempo conociéndolas, otras recién conociéndoles. Veo sus caras, su motivación  y creo que sigue habiendo potencial para salir del abismo oscuro dentro del cual nos encontramos inmersos. Muchas personas buenas, excelentes, se han ido a otros países. Ellos están en nuestros corazones, los bendigo. Dicen que este país se ha descapitalizado intelectualmente. Es verdad que ha habido mucha fuga de cerebros. Quizá algunos se hayan fugado, otros estarán reciclándose, oxigenándose para que llegado el momento, puedan aportar apoyo. También hay gente maravillosa en esta tierra atribulada. Cerebros grandes y jugosos. Espíritus fuertes.

Me permito creer. Me permito, antes que nada, creer en mí. Si no creo en mí, posiblemente no crea en los demás. Me permito creer en quienes están a mí alrededor. En mi familia. En mis amigos. En mis compañeros de estudio y de trabajo. Me permito creer en personas que no conozco directamente y sin embargo, se encuentran en este momento haciendo cosas grandes para que sucedan cosas buenas.

Me permito creer porque mi esposa y yo hemos decidido emprender. Me permito creer porque tengo familiares y amigos trabajando con esfuerzo a pesar de todo. Porque estoy en una empresa que lucha. Me permito creer por gente como Marius, Trabajo y Persona y las emprendedoras del chocolate. Por las ranas que hacen bolsos y por la gente que en hacen de un nido, algo creativo. Por los diseños ventilados que se van abriendo puertas tímidamente y con paso firme. Por los traficantes de libros, traficando armas de instrucción masiva. Por la Fe en que podemos tener mejores ciudadanos y la Alegría de educar cada día, a pesar del hambre y las adversidades. Me permito creer por la mística del Dr. Feo, de Eglantina, Alejandra, Carolina, Dulce y sus otros compañeros y sus alumnos.

Me permito creer por la mirada limpia y pura de mis padres que así me lo enseñan y porque a pesar de todo lo malo nunca pierden la fe y cada día elevan oraciones. Me permito creer porque las cárceles donde están los presos de conciencia estén forjando mejores espíritus, esos que en este momento están haciendo el viaje de Dante. Me permito creer porque existen muchas Lilians, Bonis, Marías y Juanas que día tras día, a pesar del sol, la violencia, el calor, el abuso, se mantienen luchando. Estos son unos poquísimos ejemplos de muchísimos ejemplos de muchísimas personas haciendo cosas buenas para que todo sea mejor, para salir del abismo. Ellos me permiten creer. Me permito creer porque así como esos pocos ejemplos, estoy seguro que existe muchísima gente más (En una próxima publicación expondré más ejemplos).

Estoy hablando específicamente de la situación de mi país, de Venezuela. Si usted que me está leyendo está en otro país, le invito a ver a su alrededor. Estoy seguro que también se encuentra rodeado de gente buena y capaz. Si no conoce el caso de Venezuela, le invito a conocerlo. Tenemos rones de clase mundial. Busque cualquiera de estos, sírvalo en un vaso con hielo y cola o puro y simple. Le invito a leer sobre esta situación de crisis humanitaria y sobre las muchas personas grandes haciendo cosas en silencio, con una cierta discreción y que están sumando. Recuerde que una bomba hace más ruido que una caricia pero que por cada explosivo que estalla existen un millón de caricias que revalidan el amor.

Como dice una buena amiga muy querida, el cambio ya inició. Quizá el cambio no es tan colorido, rotundo y sonoro como quisiéramos. Por un momento imagínate que tienes cerca de unos cinco años. Te acuestas y al día siguiente tienes veinte años más encima. Menuda sorpresa. Ser un simple niño de pocos años y al día siguiente estás ya tan cambiado. Lo que quiero significar es que los cambios no son tan drásticos como quisiéramos.El cambio tiene tiempo germinando. Ningún árbol es lo que es sin haber sido una semilla.  Nunca ningún proceso es tan acelerado. Todo son procesos y lo más importante es lo que aprendemos. La lección que estamos teniendo es inmensa e inconmesurable. Los esfuerzos que debemos hacer para tener una tierra decente, vivible y pacífica son colosos, no obstante, son posibles. El cambio será posible con grandísimos esfuerzos. Si crees que el cambio será fácil, estás perdiendo tu tiempo y morirás desesperanzado. Te invito a creer en el cambio, en los esfuerzos monumentales que tendremos que hacer. No es gratis. No es fácil. Aún así, te invito a creer en el cambio.

Es por ello que me permito creer. Punto. En los momentos cuando me provoca salir corriendo, cuando pienso “no seré yo el que tenga que irse de último y apagar la luz”, incluso cuando atravieso por momentos personales de duda, me permito creer. Comienzo por agradecer. El agradecimiento es el vehículo de la fe. Cuando soy agradecido puedo observar cosas que antes no eran visibles para mí. Me permito creer y agradecer porque estoy seguro que las cosas serán mejores. Me niego a creer que tanto dolor sea decisión de una mayoría. Me niego a creer que esta realidad retorcida sea lo que nos merecemos y me niego a resignarme. Me niego a desesperanzarme. Me permito creer.

Creer es mi decisión. Creo. Yo creo que es posible un cambio porque creo que el cambio comienza en mí mismo y he podido obrar cambios en mi propio ser. Me permito creer porque cuando veo a tus ojos me siento con esperanza. Me permito creer porque estoy convencido que la humanidad tiende hacia el bien y que en este país existe mucha humanidad. Me permito creer porque mi país es un sitio con un gran potencial. Porque existe gente con un gran potencial. Me permito creer porque quiero luchar. Me permito creer en este momento, aquí y ahora.

Alexander mi amigo el gerente, también se permite creer, por él, por su esposa y sus hijos. Te invito a creer, en ti, en lo que haces, en el cambio.

“Me permito creer” – Poema

Me permito creer,
sé que parece un lujo hoy en día
eso de creer,
en un sueño,
en un Dios,
o no creer en ninguno,
pero yo me permito creer,
me permito creer en un cambio
si creo en mí mismo,
creer,
en la paz, en la construcción,
en el ideal y en lo real,
me permito creer en la gente,
confiar,
hacer amigos,
hacer el amor,
me permito creer y para creer
quiero creer en
en ti,
en mi,
me permito y para eso
me sentaré a escuchar,
observar
con todos mis sentidos,
creer en la posibilidad de un cambio,
que los molinos de la libertad giren
con la fuerza de los vientos del cambio,
que los criminales dejen de vestirse
como ovejas
y que las ovejas se defiendan
aunque el pastor no parezca presente,
me permito creer en el presente,
en tus ojos,
en las marcas del tiempo a su alrededor,
me permito creer
en la paz,
en tu cuerpo y en tu alma.

Autor del texto y del poema: Daniel Rojas Salzano

 

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