Culpemos a la religión

Soy humanista teísta. No soy un hombre religioso. Soy entusiasta de la humanidad y de la paz, soy creyente de la tolerancia, del amor y del respeto, en todas las direcciones, nunca en un solo sentido. Intento practicar esto cada día. A partir de estos elementos, me atrevo a compartir mis consideraciones acerca del tema religioso y la violencia que se escuda detrás de cierta práctica religiosa.

En estos días veremos cómo se comienza a culpar a la religión por lo que ha sucedido y viene sucediendo en cuanto al terrorismo. De nuevo toma fuerza esa opinión acerca de la responsabilidad que tienen todas las religiones al estimular el fanatismo, la intolerancia, la falta de comunicación, etc, es decir, la promoción de prácticas violentas entre seres humanos, pero culpar a la religión es injusto e ilógico. Tal posición contribuye a acrecentar el problema que existe en cuanto al tema de la violencia y el terrorismo. Definitivamente, aunque se culpe a la religión, esta no es la culpable de las prácticas crueles de las cuales estamos siendo testigos. La religión es el chivo expiatorio y se convierte en el subterfugio utilizado para generar víctimas y señalar culpas.

Religión en muchos casos está asociado a la palabra latina Religare que indica vincular, atar fuertemente a Dios, a lo divino, a lo superior, lo cual ya nos da una aproximación sobre su pretensión. La religión realmente es un cuerpo de conocimientos, conjunto de tradiciones culturales, sociales, prácticas espirituales que en muchos casos intentan conectar al ser humano con lo sublime de la vida, con la dimensión más elevada de la existencia, con aquello sutil que sentimos existe, pero que realmente no hemos visto. Esto último es lo que está asociado a la Fe. Incluso las religiones, modelan la cosmovisión que puede tener cada persona en su propia vida.

Por medio de la religión en muchos casos, los seres humanos buscan tener algunas directrices a través de las cuales conducir sus vidas. Como individuos imperfectos que somos por naturaleza y por naturaleza perfectibles, en la religión muchas veces se encuentra un modo de comportamiento que puede fungir como el instrumento por medio del cual se reconozcan las propias virtudes y los propios defectos. En la creencia de algo superior (lo que usted particularmente decida que es superior) es posible llegar a ser mejores dentro del encuadre de la religión. Que observemos practicantes de la religión con grandes defectos es algo completamente natural, son seres humanos.

Con el uso y práctica de la religión muchas personas encuentran solaz para las penas que les acongojan, refugio para soportar los dolores propios de la vida que en muchos casos, los seres humanos no encuentran por sí mismos resolver o mitigar. En la práctica de la religión muchas personas consiguen ejercer una vida más recta en común unión con otros seres humanos a los que se les llama hermanos. Uno de los fines últimos de la religión es el amor. Sea cual sea la religión, el amor es uno de los fines últimos y más excelsos de la práctica religiosa.

En este sentido ¿Cómo se puede culpar a la religión por la violencia? Realmente la violencia viene dada por interpretaciones sesgadas que se hacen a partir de los dogmas, de la intolerancia que puede derivar de la misma, de esas creencias de que determinada religión, quién sabe por cuál motivo, es superior a la otra o porque determinado pueblo o colectivo está predestinado por Dios o por algún dios, por alguna deidad para cumplir un propósito determinado asociado a una acción violenta que debe ser ejercida sobre otros seres humanos que supuestamente están equivocados.

En mi humilde opinión, muy personal y particular no creo que ninguna religión, sin excepción, sea más verdadera que otra ni que hayan pueblos elegidos por dioses para determinados propósitos. Tampoco creo en ningún caso que exista dios alguno si es que existe uno o varios, que estén orientados a la destrucción de la humanidad. Desde la concepción que yo manejo acerca de Dios como una inteligencia superior, no creo que en su infinita inteligencia tenga necesidad de que se le reconozca superioridad alguna.

Creo que un Dios con necesidad y sed de ser adorado y venerado, que necesite pruebas de amor, que necesite aniquilar personas para demostrar algún tipo de superioridad, creo que es un dios falso y débil. Realmente, los hombres en su finitud y pequeñez son lo que necesitan ser adorados y venerados, necesitan pruebas de amor y fidelidad, necesitan aniquilar física y moralmente a otras personas para demostrar su superioridad porque su conexión con Dios, es falsa y está movida por algún interés particular, personal y mezquino.

Creo, que toda la humanidad en igualdad de condiciones, sea cual sea su creencia, incluso si en nada cree, sin etiquetas de mejor o peor, está destinada por Dios a regirse por el amor y todo lo que deviene del mismo. Que todo aquello contrario a tales principios es autoritarismo e interpretaciones peligrosas del hecho religioso. Creo que el destino de la humanidad es a ser creadores en conjunto con esa inteligencia divina y a ser instrumentos del amor y la creación. Asesinar, ajusticiar, ejecutar, ahorcar, ahogar, fusilar, inmolar, son verbos contrarios a Amar y a Crear. Estos últimos verbos son sencillos, profundos y poderosos. El mundo entero anhela la práctica incansable de los verbos amar y crear.

Creo en Dios, arquitecto supremo del universo y todo cuanto habita y vive en él. Creo en el amor. Creo en mí. Creo en la humanidad. Este es mi credo.

Autor: Daniel Rojas Salzano

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