Saborear la vida

Esperar. ¿Cuántas veces paso la vida como en una continua espera? ¿Cuántas veces he vivido de espaldas a mí mismo? ¿Cómo cambia la vida frente a mi sin ser consciente de ello? ¿Cómo cambia mi propia imagen frente al espejo? Luego de años de verme y verme, un día sin ser muy conscientes de ello observo frente a mi una imagen a la cual me había acostumbrado pero a la que realmente no le había prestado demasiada atención. El tiempo se manifiesta en el cuerpo y en el rostro y así, a la vuelta de unos años, la vida ha pasado tanto que dramáticamente no me reconozco a mí mismo y toca de nuevo, observarme.

Puedo ser siempre la mejor o la peor versión de mí mismo. Al fin y al cabo, intentar ser lo que que nunca fui pero quise ser, intentar ser de nuevo lo que fui y me gustó, pero que ya no seré, es una gran pérdida de energía y tiempo, porque aquello que sucedió no será nunca más y no puedo recuperarlo. Soy transición. Pasado, presente y futuro, conjugado en un solo tiempo verbal que pertenece al ahora, porque el tiempo fue y lo que va a ser, siempre será un millón de posibilidades infinitas.

Lo que he sido como persona en el trascurso de mi vida nunca lo imaginé. Si hace veinte años me hubieran dicho muchas de las cosas que habría de arrostrar en mi vida, quizá habría dicho: “ese no soy yo”. Porque la vida, siempre me va a sorprender. Una de las condiciones inherentes a la vida es la sorpresa y dejar de sorprenderme es como estar muerto.

En cuanto al futuro, hacer el ejercicio de lo que podría suceder es inevitable. porque pareciera que una de las configuraciones por defecto del cerebro humano es proyectar en el futuro, proyectar toneladas de fantasías acerca de todo lo que puede suceder, por lo general, catastrófico. Sin embargo, una cosa es imaginar, proyectar en el futuro, hacerme historias en mi cabeza y otra muy diferente (aunque en la práctica no parece serlo tanto), es creer que esas proyecciones del futuro pueden ser una verdad inapelable como el momento presente. El futuro es difuso y efímero. De hecho, como dice la canción de la Venegas: “el presente es lo único que hay”.

Muy bien, venía con aquello de que me veo en el espejo y han pasado un montón de años y cuando caigo en cuenta acerca de muchas cosas sobre mi propias vida me hago la pregunta de rigor “¿y cuándo pasó todo esto? ¿Cuándo pasaron tantos años?” Es mi inconsciencia y mi necesidad de rutina lo que me hace pasar inconscientemente por mi propia vida como si nunca la hubiera vivido, como si otra persona tomó esas decisiones tan malas o tan buenas que ahora están rindiendo sus frutos, dulces o amargos.

La vida, en muchas ocasiones, va pasando como si yo estuviera fuera de ella y como si fuera un espectador somnolientos de mi propia existencia. Espectador pasivo de mi vida y decisiones que se suceden en algún momento entre el alumbramiento y la tumba, porque la vida pasa tan aceleradamente que cuando caigo en cuenta  están sucediendo un millón de cosas. Nos estamos casando unos y otros están viendo a sus hijos casarse, otros están viendo la gran panza que han cultivado o todos los cabellos canos que deben teñirse. En algunos casos la vida ha sido espléndida y en otras un verdadero caos, independientemente de lo que entienda por una esplendor y caos. La vida usualmente es lo que es y en muchos casos la vivo de espaldas a ella.

La vida es un millón de posibilidades infinitas mientras mis ojos se posan en un punto concreto. En el empeño de evitar que la vida pase sin pena ni gloria, no presto mucha atención a dónde coloco el foco en la vida. No quiero desgastarme pensando que la vida pasa demasiado rápido y yo me pregunto ¿para qué quiero yo la vida si al fin y al cabo la voy a desperdiciar? La vida debería ser necesaria en tanto y en cuanto la voy a disfrutar y aprovechar. No quiero decir con esto que voy a vivir la vida con una total conciencia de mí mismo, creo que es casi imposible. Pero, disfrutar de la vida, ser consciente (y esforzándome por ello) de mi propia vida, no de la vida de los otros. Disfrutarla, saborearla, desmenuzarla mientras va pasando.

La vida es demasiado breve como para malgastarla haciendo lo que  no me gusta. La vida pasa demasiado rápido como para que esta transcurra con tanta inconsciencia. La vida es tan fugaz como para estar amargándome por tonterías y poniendo el foco en aquellas cosas que me agrían la existencia y desenfocándome de aquello que la endulza. La vida no siempre será tan placentera y habrán momentos duros y difíciles. Habrán personas duras y difíciles, siempre habrán situaciones que me pongan entre la espada y la pared. Siempre tendré momentos de conciencia e inconsciencia, pero en fin, yo escojo saborear la vida y aderezarla en la medida de mis posibilidades y a mi gusto. Yo escojo vivir de frente y no de espaldas.

Voy a saborear la vida. Observarla, palparla y sentirla, escucharla, olfatearla, saborearla, masticarla y digerirla. Es así. La vida continuamente es así.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Vida y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s