Prisioneros del odio

Cuando escribí esta nota que pongo a continuación, lo hice a partir de una conversación que tuve con un buen amigo acerca de la situación de nuestro país, Venezuela. Seguía Hugo Chávez en el poder. Mi amigo y yo, desencantados con lo que estaba sucediendo en aquel momento, comenzamos a cuestionar el ¿Para Qué? de todo eso que estamos transitando los venezolanos. A continuación les dejo lo que se planteó en esa conversación y cómo puede seguir siendo tan actual en estos momentos.

En el inicio de nuestra conversación nos preguntamos si estos millones de venezolanos que apoyan al gobierno actual están tan equivocados como nosotros feacientemente creemos. Nos preguntamos si todo esto tiene un propósito que nosotros aún no somos capaces de entender. Desarrollamos interrogantes que van desde lo sociológico hasta lo psicológico, desde lo cultural hasta lo teológico.

Luego de hacernos toda una serie de planteamientos e incluso quejarnos de todo (como dos típicos venezolanos) nos preguntamos si este presidente realmente es la causa de TODO lo que sucede en el país. Nos preguntamos si no es que además de él, somos nosotros parte de la causa y no de la solución de los problemas. Nos preguntamos por ejemplo, si la viveza criolla por arte de magia desaparecerá, una vez ido Chavez del gobierno. Nos preguntamos, haciendo un ejercicio de imaginación, si al día siguiente (de una Venezuela sin Chávez) como por un milagro de la providencia, tendremos un país sin corrupción, sin gente que bote basura a la calle, nos preguntamos si habrá un país de personas pacíficas, educadas, dispuestas a no abusar de los demás en beneficio propio.

Lamentablemente llegamos a una respuesta en común. Creemos que posiblemente, una gran cantidad de los problemas que tenemos en este país trascienden y trascendían a este gobierno. Este gobierno les ha dado continuidad a los problemas que teníamos. Este gobierno ha sido un catalizador de los grandes conflictos que habían en Venezuela. Pero detrás de todo esto, existe una Venezuela dividida por el odio que al final, termina siendo dos caras de una misma moneda.

Creo que mientras tengamos este tipo de mentalidad, no podremos trascender la situación que estamos viviendo ahora, independientemente de la persona que se encuentre en el poder. Mientras no seamos capaces de tomar en nuestras manos el cambio de nuestro país y nos pasemos el día diciendo por un lado que necesitamos un líder que se le enfrente a Chávez y los chavistas pensando que no es posible un país sin Chávez, nos mantendremos estancados en el mismo lugar.

Nos pasaremos toda nuestra existencia como los judíos esperando un supuesto mesías que nunca llegará porque el verdadero líder de cada uno de nosotros se encuentra dentro de nosotros mismos y no hemos sido lo suficientemente responsables para asumir las riendas del cambio, porque es más fácil pedirle a este país de riquezas infinitas que nos de todo lo que necesitamos y lo que no necesitamos (pero deseamos), a asumir la posición de preguntarnos qué es lo que Yo en este momento puedo hacer por mi país. Qué puedo yo entregarle a mi país.

Mientras tengamos el dinero que tenemos, mientras que nos tengan distraídos en el circo dentro del cual vivimos, estaremos constantemente atrapados dentro de una interminable espiral de desencuentros, malos entendidos, generación de nuevos problemas y continuación de aquellos que previamente ya teníamos.

Creo, en mi particular opinión que no somos más que prisioneros del odio, estancados en un mismo sitio, sin capacidad de ver hacia otro lado, desde otra perspectiva el problema dentro del cual nos encontramos. Quizá sería prudente sentarnos a meditar primero, a pensar un poco antes de actuar, sólo por hacer algo fuera de lo común. Sentarnos un poco a meditar cómo podemos hacer las cosas diferentes, cómo pueden ser las cosas diferentes. Yo creo que es posible generar acciones dramáticamente distintas de las que actualmente realizamos.

Somos la otra cara de una misma moneda. Nos quejamos del odio de los chavistas y su ignorancia. Los chavistas se quejan del odio y la ignorancia de la oposición. Nos quejamos porque los chavistas no son capaces de ver las cosas negativas que hace el gobierno. Los chavistas se quejan de que no somos capaces de ver las cosas buenas que hace el presidente.

Nos quejamos porque Chavez se cree un Dios. Los chavistas ven en su líder a un Dios. Pero al final todos lo endiosamos. Nos quejamos porque en la oposición no tenemos un líder que aglutine a la oposición. Los chavistas se burlan de nosotros porque no tenemos un líder que sea capaz de enfrentar a Chávez. Al final, la conclusión es que Chávez está mitificado como una figura Heroica y para unos y para otros estamos en la búsqueda de esa figura arquetipal. En conclusión, los chavistas no son capaces de asumir la responsabilidad de un país y tampoco la oposición.

Contentos o no, todos terminamos dividiendo el país, criticando lo que sucede al ritmo de lo que Chávez en su discurso interminable va marcando. El odio nos mantiene aprisionados. Realmente no somos capaces de amar a nuestro enemigo. Lanzamos la primera piedra que nos encontramos, afanados y sedientos de cobrarnos todo, ojo por ojo.

Al final, estaremos en un país de ciegos, rogando a Dios porque nos conceda un tuerto que nos guíe hasta la tierra prometida, encontrándonos en el ocaso de nuestros días, con una peregrinación de 40 años, con los corazones secos y llenos de arena, con nuestra fe hecha pedazos y quizá, rezándole a un buey de oro.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Cambio y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s