Para ser feliz hay que hacer

Para ser feliz hay que hacer un esfuerzo. Quizá parezca extraño, pero para ser feliz hay que hacer un esfuerzo y poner de nuestra parte. En donde colocas el corazón, ahí habrá felicidad y la felicidad es contagiosa. Es una de las cosas más contagiosas que existen.

Nos han enseñado muchas veces que la felicidad no es adecuada para todas las ocasiones. Por ejemplo, si estás feliz en el trabajo es algo raro. Se supone que estés serio y que no expreses felicidad. El que sufre en el trabajo, es el que más empeño le coloca al mismo. Es uno de los muchos mapas con los cuales nos movemos por el mundo, por citar alguno.

Pero esto de ser feliz es más que una frase, muy trillada por cierto. Implica esfuerzo, creatividad y compromiso de revisar las propias creencias sobre lo que nos hace felices y lo que nos genera también infelicidad, dolor, tristeza, rabia y miedo. Ser feliz no se trata de olvidarse de otras emociones, olvidarse de los problemas; pensar que el mundo o mi mundo, anda maravillosamente y por lo tanto el mundo de los demás también debe ser así.

Ser feliz requiere un esfuerzo porque el mundo está muy maltratado; hay mucha gente maltratada. Ser feliz en este mundo duro y solitario puede ser un gran tesoro y puede ser incluso de una gran ayuda para otras personas, porque como mencioné antes, la felicidad es contagiosa. Las otras emociones también lo son, contagiosas.

Cuando pensamos negativamente (más ahora que las perspectivas no parecen ser demasiado alentadoras), es fácil sumirnos en un pesimismo que termina siendo tan contagioso que quizá las soluciones están a la vuelta de la esquina y no somos capaces de percibir otras opciones. Estamos tan enfocados en ver un aspecto determinado de la realidad y de cuidarnos solo a nosotros mismos que nos olvidamos de ver las cosas desde otra faceta. Olvidamos buscar la felicidad dentro de nosotros mismos.

Así como muchas veces nos programamos para sentirnos de alguna manera determinada frente a una situación, también tenemos la gran capacidad de responder de forma positiva ante las situaciones. No digo con una gran carcajada, pero vamos, al menos hacer el esfuerzo por mantener una predisposición positiva ante la realidad que está frente a nosotros y que para muchos no parece pintar bien.

Poco a poco, en la medida en la cual vayamos realizando esfuerzos por pensar en la felicidad, por sentir felicidad, por reenfocar nuestra realidad de manera que hallemos felicidad y alegría, estoy seguro que con mayor frecuencia  la encontraremos más cerca del núcleo íntimo de nuestro ser.

Los seres humanos tenemos la maravillosa capacidad para generar soluciones creativas y novedosas frente a las dificultades de nuestro entorno. Así mismo estoy seguro que encontraremos la medida de poner un freno a esta falta de entusiasmo general y lograr más temprano que tarde irnos llenando de motivos para ser más alegres y felices.

Esta situación requiere implicación de cada uno de nosotros como individuos y requiere de todos como colectivo. No es una sola persona la que logrará despertar un sentimiento común y extendido de felicidad. Se necesitan muchas. Pero para que existan esas muchas definitivamente debe existir la voluntad individual de sumar esfuerzos por generar alegría y felicidad.

Nos han tocado tiempos difíciles, eso lo sabemos todos, no es ningún misterio. La búsqueda de la felicidad parece cada vez más compleja y cuantos más esfuerzos hacemos por comprar o adquirir felicidad, esta parece alejarse con mayor rapidez. La realidad la hemos vuelto tan compleja que la sencillez de la felicidad parece algo fugaz, sutil y leve que desaparece ante nuestros ojos porque la verdadera felicidad está refugiada en nosotros mismos.

Se trata más de un asunto de ser que de hacer o tener. Ser feliz es eso, ser feliz. No decimos ¡ten felicidad, cómprala en la esquina! Nos decimos continuamente sé feliz. La felicidad es eso. Un estado del ser más que del hacer y es más sencillo ser, porque hacer requiere que cada vez debemos tener o hacer más esfuerzos fuera de nosotros, desgastarnos, consumirnos, competir por conseguir cosas, complacer las necesidades de los demás y no las propias.

Afortunadamente me siento bien, con alegría, pero no puedo evitar en otras ocasiones tener mis momentos de desencanto y desesperación. Cuando tengo estos momentos trato de sentirme agradecido por aquello que tengo, sentirme bien conmigo mismo. ¿Cómo hacerlo? Enfocar mi pensamiento hacia lo positivo. No hay una receta única. Existen muchas maneras, cada persona debe encontrar esa forma de hacerlo. Puede ser meditación, oración, psicoterapia, deportes, trabajo social, arte, conversar viéndonos a los ojos, etc. Existen múltiples maneras. Cada quien sabe de alguna manera, en lo más íntimo de sí, aquello que potencialmente le hace feliz y aquello que potencialmente le hace infeliz.

Autor: Daniel Rojas Salzano

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