Escuchar activamente

Escuchar. Estar presente. Escuchar detenidamente y estar presente.

Estar presente para el otro. Es lo que encierra básicamente la escucha activa. ¿Cuántas veces estamos en proceso de oír pero sin escuchar? ¿Cuántas veces somos conscientes de ello? ¿Cuántas veces no somos conscientes de nuestra falta de atención?

Escuchar implica esfuerzo. Escuchar implica estar allí para otra persona que por alguna razón demanda nuestra atención. Escuchar a la otra persona requiere de nosotros que nos tomemos el tiempo para lograr captar el mensaje que nos quieren emitir, estar atentos, no distraernos. Escuchar requiere que durante el tiempo que una persona se encuentra diciendo algo que es importante para esa persona, seamos capaces de callar nuestra mente, seamos capaces de dejar al otro terminar sin interrumpir o sin llevar a cabo un proceso simultáneo de elaboración de argumentos ante aquello que la otra persona intenta decirnos. Además, cuando una persona no nos está prestando atención, nos damos cuenta de ello. Cuando no prestamos atención, las personas lo notan.

Para escuchar al otro, también debemos escucharnos a nosotros mismos, hacer un poco de silencio en nuestro propio interior. La posibilidad de escuchar al otro implica escucharnos a nosotros mismos y ser claros en nuestro diálogo interior, saber cuantas de esas cosas que nos decimos tienen una verdadera coherencia tanto cognitivamente como afectivamente, poder diferenciar hasta qué punto eso que nosotros nos decimos a nosotros mismos no es el resultado simplemente de aquello que otras personas intenta imponernos.

Para poder realmente escuchar al otro requerimos de una mente activa pero serena, de una mente atenta al momento pero libre de interrupciones y de ese ruido interno que es propio de los seres humanos, el cual se caracteriza de creencias pre-concebidas, prejuicios hacia nuestro interlocutor o hacia el mensaje que intenta darnos, recuerdos, estereotipos, en fin, todo ese bagaje cultural que todos tenemos pero que de alguna manera debemos colocar en suspensión para poder tener realmente un proceso de escucha activa hacia ese individuo que intenta de alguna manera emitir un mensaje hacia nosotros.

Este proceso de escucha activa me recuerda al término “Epojé” que no es más que la suspensión del juicio. La Epojé Filosófica de acuerdo con Ferrater Mora implica que suspendemos el juicio frente al contenido doctrinal de toda filosofía dada y realizamos nuestras comprobaciones dentro del marco de tal suspensión.  ¿En qué nos sirve eso para la escucha activa? Precisamente este actitud de suspender el juicio mientras escuchamos a una persona nos permite escuchar el mensaje lo más apegado al espíritu propio de ese mensaje y en ese proceso de escucha, realizar las preguntas que consideremos pertinentes al caso, pero nunca con una preconcepción de aquello que se nos intenta comunicar.

Muchas veces en nuestros procesos de comunicación incurrimos en errores de significado del mensaje por falta de escucha activa porque mientras aquel que nos comunica un mensaje está en su proceso discursivo, nosotros simultáneamente nos encontramos en un proceso de elaboración de contra-argumentos o de discursos propios que no nos permiten realmente percibir aquello que se nos intenta comunicar. Por lo tanto, para escuchar, es importante suspender el juicio, suspender el pensamiento.

Empero, este proceso de suspensión del juicio o del discurso interno propio no es algo que viene dado solo con el deseo de que ocurra, es una cualidad que debemos desarrollar y poner en práctica cada vez que estamos intercambiando ideas con otras personas.  Es un proceso que debemos ir desarrollando paso a paso y ser conscientes de nosotros mismos, ser conscientes, estar atentos a esas fugas de pensamiento, estar atentos a cuando nos perdemos a través de los interminables pasillos de nuestra inconsciencia y que cuando caemos en cuenta, el otro nos ha dicho una cantidad de cosas de las cuales apenas tenemos un atisbo del mensaje que nos han intentado comunicar.

La escucha activa también implica estar atentos a las palabras, los tiempos verbales, los pronombres que utilizan aquellos que nos están hablando. Es muy distinto cuando una persona habla desde el Yo, que es un pronombre en primera persona singular, frente al nosotros. Diferente cuando hablamos y utilizamos el Yo por el Uno. La persona en su discurso y en la forma en la cual emplea las palabras, la riqueza del vocabulario o la pobreza del mismo, nos da referentes muy importantes acerca de cómo percibe, concibe y siente el entorno que le rodea.

Definitivamente, para mejorar la calidad de nuestras relaciones interpersonales la escucha activa es un recurso precioso para entender y hacernos entender frente a aquellos con los cuales nos relacionamos. La escucha activa es importante tanto para escuchar como para escucharnos. Esta comienza con nosotros mismos, siendo conscientes de aquello que decimos y cómo lo decimos, no es posible escuchar activamente al otro si no somos capaces de iniciar escuchándonos a nosotros mismos, las frases que nos decimos, cómo nos las decimos, las palabras que empleamos, la riqueza o pobreza de nuestro propio vocabulario.

Autor: Daniel Rojas Salzano

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s